miércoles, 31 de julio de 2013

Instrumentos de tortura VI

La doncella de hierro.
La historia de la tortura registra muchos instrumentos con forma de sarcófago antropomorfo con dos puertas, y clavos en su interior que penetraban, al cerrar las puertas, en el cuerpo de la víctima. El ejemplo más conocido ha sido siempre la llamada "doncella de hierro" (die eiserne - ingfrau) del castillo de Nuremberg, destruida con los bombardeos de 1944.
Es difícil separar la leyenda de los hechos referentes a este aparato ya que la mayoría del material publicado se basa en investigaciones del siglo XIX distorsionadas por el romanticismo y fantasiosas tradiciones orales. La primera referencia a una ejecución con la doncella de la que tenemos noticia procede del 14 de agosto de 1515 aun­que el instrumento para entonces había sido usado ya durante varias décadas. Ese día un falsificador de monedas fue introducido y las puertas cerradas lentamente, por lo tanto, las puntas afiladísimas le penetraban en los brazos, en las piernas en varios lugares, en la barriga, en el pecho, en la vejiga, en la raíz del miembro, en los ojos, en los hombros y en las nalgas, pero no tanto como para matarlo, y así permaneció haciendo gran griterío y lamento durante dos días, después de los cuales murió . Es probable que los clavos de entonces fueran desmontables y se pudieran colocar en varios alojamientos practicados en el interior, con fines más o menos letales, más o menos mutilantes según las exigencias de la sentencia.
Las más sofisticadas disponían de clavos móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la tortura a las medidas del "delito" del torturado. Además, podemos encontrar desde el modelo más básico, que es un sarcófago de hierro puro y duro; hasta las más refinadas obras de arte, ricamente decoradas con relieves.
El empalamiento
La práctica de esta forma de tortura, reservada a los prisioneros de guerra, tuvo una amplia difusión en toda la Europa medieval, si bien sus orígenes se encuentran indiscutiblemente en el Medio Oriente. De hecho con el fin de aterrorizar a los enemigos, los asirios, y posteriormente los turcos, solían empalar a los prisioneros exponiéndolos sobre las almenas de los castillos conquistados o ante las fortalezas asediadas. Este suplicio consistía en traspasar el cuerpo del condenado con un palo de madera fijado verticalmente en suelo tras haber sido introducido por el verdugo por el ano de la víctima. Con el paso del tiempo, y debido al propio peso de cuerpo, el palo seguía penetrando en interior hasta llegar incluso a salir. La víctima, inmovilizada en esa posición no podía hacer nada sino esperar que la muerte pusiera fin a su atroz agonía pero la crueldad horriblemente refinada del verdugo hacía que ésta llegara tan sólo después de muchos días De hecho, cuando el palo era introducido en el cuerpo tenía una inclinación tal que evitaba lesionar órganos vitales. Además la punta era convenientemente redondeada para que penetrara mucho más lentamente.
El enterramiento cabeza abajo
El sospechoso o acusado era enterrado cabeza abajo Más que una tortura era realmente una pena capital porque aunque había tomado la decisión de confesar y había gritado su confesión era sacado del agujero siempre demasiado tarde para oír su confesión. En algunas regiones las solteras jóvenes que habían sido seducidas fueron enterradas en tumbas cubiertas con espinas.
La espada del verdugo, en Alemania (S. XVII y XVIII)
La decapitación con espada, una distracción pública en Europa central y nórdica hasta hace unos ciento cincuenta años y practicada aún en otras partes del mundo, se hace con un corte horizontal.
En cambio el hacha era más común en la Europa mediterránea, ésta es utilizada, incluso, actualmente. Se necesita un largo aprendizaje para perfeccionar la fuerza y el acierto del golpe, los verdugos se mantenían en forma entrenándose con animales en los mataderos y con simulacros de condenados provistos de "cabezas" de calabaza. La decapitación, pena “suave" si se realizaba con habilidad se reservaba exclusivamente para condenados nobles o personas importantes... los plebeyos eran ejecutados - y estamos hablando únicamente de esas ejecuciones que no preveían intencionadamente métodos dolorosos - con procedimientos que causaban agonías prolongadas. El más corriente de éstos era y sigue siendo el ahorcamiento común, en el cual la víctima es izada y dejada estrangular (al contrario que el llamado "a la inglesa", que hace caer a la víctima con el lazo al cuello para fracturar las vértebras cervicales y la médula espinal, la mayoría de las veces).
La flauta del alborotador, en Europa en general (1700 a 1800)
Los instrumentos de tortura hechos más o menos con esta forma - trompeta, trombón, flauta dulce, oboe, etc., hechos de madera latón o hierro - probablemente son de origen holandés, y se asocian principalmente con los siglos XVII y XVIII, aunque se conocen representaciones anteriores y posteriores. El collar de hierro cerraba por detrás del cuello de la víctima, y sus dedos colocados como los de un músico bajo las muescas hechas a propósito en la mordaza, eran apretados a voluntad del verdugo pudiendo éste producir desde dolor soportable hasta el aplastamiento de carne, huesos v articulaciones.
Esta tortura era, sobre todo, una forma de exposición a la vergüenza pública, con todas las consecuencias habituales, dolorosas y a veces fatales que marcaban la suerte de los así expuestos. Se imponía para castigar delitos menores: conflictividad, blasfemia en primer grado, palabrería soez, alterar el orden, etc..
Garras de gato o cosquilleador español, en Europa en general (1600 a 1800)
Grandes casi como cuatro dedos de hombre, estos artefactos, montados encima de un mango, se usaban para reducir a tiras la carne de la víctima y extraerla de los huesos, en cualquier parte del cuerpo: cara, abdomen, espalda, extremidades, senos.