domingo, 14 de julio de 2013

Instrumentos de tortura II

Ablación de los pies con fuego
Si el hereje no se convertía a la verdadera fe, le untaban manteca de cerdo en los pies y le metían en un brasero al rojo vivo, de los tobillos hacía abajo no le quedaban más que muñones de huesos carbonizados. A continuación se proseguía con las manos.
De este modo los frailes dominicos, grandes cazadores de herejes, encontraron su forma de ser útiles.
El anillo auto mortificante
Este ingenio se utilizaba para impedir la erección del órgano genital masculino mediante las púas dispuestas por el lado interior.
A diferencia del cinturón de castidad femenino, que era una forma de humillación impuesta para asegurar la fidelidad conyugal, y más a menudo, impuesta por el terror a sufrir actos de violencia carnal, el anillo auto mortificante era una forma de sufrimiento que el hombre, generalmente el religioso, se imponía voluntariamente para intentar alcanzar un estado de perfeccionamiento lento moral o espiritual.
La necesidad de mortificación era una de las enseñanzas más recurrentes en la religión cristiana, como freno a la concupiscencia y como libre adhesión al sufrimiento redentor de Jesucristo: la salvación del alma a través de la mortificación de la carne. Preocupados por imitar la pasión de Cristo y por alejar las tentaciones pecaminosas de la "carne", los religiosos se infligían numerosas formas de suplicio tales como el cilicio, el collar claveteado, el cinturón de espinas o la autoflagelación.
El aplasta cabezas veneciano (1500 a 1700)
Los aplasta cabezas, de lo que se tienen noticias ya en la Edad Media, gozan de la estima de las autoridades de buena parte del mundo actual. La barbilla de la víctima se coloca en la barra inferior y el casquete es empujado, hacia abajo por el tornillo.
Cualquier comentario parece superfluo. Primero se destrozan los alvéolos dentarios, después las mandíbulas. hasta que el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.
Aunque hoy en día ya no sean instrumentos de pena capital, los aplasta cabezas todavía se usan para interrogatorios. El casquete y la barra inferior actuales están recubiertos de material blando que no dejan marcas sobre la víctima.
El aplasta pulgares, en Europa en general.
Simple y muy eficaz, el aplastamiento de los nudillos, falanges y uñas es una de las torturas más antiguas. Los resultados, en términos de dolor infligido con relación al esfuerzo realizado y al tiempo consumido, son altamente satisfactorios desde el punto de vista del torturador, sobre todo cuando se carece de instrumentos complicados y costosos.
En el aparato veneciano con tres barras horizontales pueden introducirse dos pulgares y cuatro dedos, pero es tosco comparado con el instrumento austriaco.
Una obra de arte en su género, este último está realizado según exigentes criterios técnicos y se corresponde en todos los detalles con las normas especificadas en la "Constitutio Criminalis Theresiana", el anacrónico códice promulgado por la emperatriz María Teresa para procedimientos y torturas inquisitoriales publicado en Viena en 1769, época en la cual la tortura había sido abolida hacía décadas en Inglaterra, Prusia, Toscana y algunos principados menores (en Toscana se había abolido incluso la pena de muerte por primera vez en Europa). Esta normativa imponía a todos los jueces de la corona austriaca el someter a cualquier acusado que no quisiera confesar por propia voluntad a las "peinliche Fragenn'', las preguntas dolorosas", es decir a extraer una confesión mediante una serie de torturas que eran descritas e ilustradas con preciso racionalismo científico, hasta los mininos detalles, incluidos el grosor de cuerdas , el número de eslabones de las cadenas, la longitud de clavos y tornillos, los grados de mutilación permanente permitidos para diferentes grados de acusaciones.
Arañas españolas, en Europa en general (1500 a 1800)
También llamadas "arañas de la bruja", garras con cuatro puntas unidas en forma de tenazas constituían herramientas fundamentales del verdugo. Servían tanto frías como calientes, para alzar las víctimas por las nalgas, los senos, el vientre, y la cabeza, a menudo con dos puntas en los ojos y en las orejas.
Muy usado hoy en día por la policía del Tercer Mundo, especialmente para interrogar a las mujeres.
Armas de carceleros, en Europa en general (1600 a 1800)
Estos instrumentos se distinguen de las armas militares por las cabezas, que no son adecuadas para guerrear contra enemigos provistos de corazas y armados, sino para controlar turbas de prisioneros semi-desnudos, evidentemente desarmados. Tal como el agarra cuellos, el aro con la abertura en forma de trampa al extremo de un asta de dos metros de longitud. Un preso, o cualquier fugitivo que intentara escapar de un alguacil escondiéndose entre la multitud, es fácilmente capturado: una vez que el cuello es aferrado por la trampa, no tiene otra posibilidad que seguir, sin chistar, a su captor.
El agarra cuellos se usa todavía en centenares de cárceles y muchas veces forma parte del equipo de las fuerzas antidisturbios. Las versiones modernas a veces están electrificadas.
La aureola del tonto o la corona de escarnio con campanilla.
Se trata de una modalidad de escarnio público suave, aplicado sobre todo a aquellos que se habían comportado de una manera estúpida, absurda o necia hasta el punto de haber ocasionado molestias a la colectividad.
El castigado era encadenado durante horas al palo de la picota, o simplemente en la plaza pública, llevando en la cabeza este ridículo aparato, siendo incluso obligado en ocasiones a llevarlo puesto mientras hacía su vida cotidiana. Hasta aquí todo podría parecer soportable... pero la feroz crueldad de la gente le hacía sufrir no sólo humillaciones, sino que también era mancillado en público, y recibía golpes, patadas, pedradas... y otras cosas.