sábado, 12 de mayo de 2012

Maharet y Mekare

Mekare y Maharet, eran miembros de una tribu de Palestina de hace 6.000 años, que vivían en el monte Carmelo. Dicha tribu practicaban el ritual del banquete funerario (es decir que se comían a los familiares que se morían) basados en el concepto de que lo que salío de los hombres debería quedarse con ellos, y de ese modo en que desaparecía la carne, los espíritus se olvidaban del cuerpo y quedaban libres, a pesar de ser caníbales despreciaban a los pueblos que cazaban para comer carne humana.
Maharet y Mekare eran hermanas gemelas y unas poderosas beujas que podían hablar con los espíritus y podían causar lluvia. Su fama atrajo a la soberana de Kemmeth (antiguo Egipto), Akasha quien mandó una invitación a su tierra para que se presentasen a su corte. Invitación rechazada por las brujas ya que los espíritus habían dicho que traería desgracia.
Años más tarde, durante el banquete funerario de su madre, una se comió el cerebro y la otra el corazón, así su alma viviría en ellas, soldados egipcios interrumpieron la ceremonia, masacraron a todos los presentes (mujeres, ancianos y niños) por comedores de carne (Akasha había impuesto en su tierra la prohibición de ese acto), y se llevaron a las gemelas en una muestra de "gran compasión" por ser unas poderosas brujas.
Las gemelas fueron presentadas ante la corte de Akasha y Enkil quienes curiosos le preguntaban sobre sus poderes, creencias, y luego permanecían en una celda. Su único aliado era el guardia Khayman quien profesaba una auténtica compasión por la situación de las dos hermanas.
Sílfides Oscuras:
Un día, Mekare agravió a la reina acusándola de falsa, que no había matado a su pueblo para "salvarlos del castigo de ser comedores de carne humana", ya que su tribu estaba muy lejos de los dominios de Akasha, sino porque quería que vinieran ellas a divertirla con sus conocimientos, además alegó de que era un banquete funerario y que no mataban para comer. Esto produjo una gran conmoción en la corte, no sólo por poner en duda la moral de la gobernante, sino también porque los que aún estaban en desacuerdo con la momificación, estaban horrorizados al escuchar la profanación de un banquete funerario. Así que Akasha firmó la sentencia de muerte, cosa que no se cumplió porque los espíritus atacaron furiosos a los presentes.
Al día siguiente, se llevó a las gemelas nuevamente ante la presencia de la corte, diciéndolas que las dejarían libres si demostraban que los espíritus no atacarían, lo comprendieron todo, comprendieron que iban a ser violadas frente a la corte, pero si se defendían morirían. El rey declaró que su amor a su reina le impedía realizar esta tarea, tarea que recayó en el pobre Khayman con amenaza de muerte.
Luego del ultraje volvieron a su tierra, además Maharet había quedado embarazada, y meses después había dado a luz a Miriam, hija suya y de Khayman.
Pero Amel, un espíritu maligno que ansiaba la sangre, por orden secreta de Mekare aterrorizó a la casa real provocando heridas a la reina, por eso un año después, los soldados regresaron por las gemelas...
Khayman fue a buscarlas con el ejército con órdenes de traerlas de regreso, les explicó que por las necesitaban con urgencia. Les relató que un espíritu: Amel el que pica, estaba causando estragos en su residencia, y cuando la reina y el rey entraron a razonar con él, los insurrectos asesinaron a los gobernantes, entonces Amel entró dentro de la reina y ésta despertó, Akasha le dió su sangre a Enkil y éste también despertó. Pero ambos rehuían a la luz del sol, y tenían una sed de sangre terrible, que los consumía.
Una vez en el palacio, las gemelas le explicaron a los soberanos que ellas no habían ordenado nada a Amel, que él había actuado sólo (más tarde Mekare le confesaría a Maharet la verdad). Le aconsejaron a los reyes que para apaciguar su sed eterna, deberían crear más como ellos. La actitud cortante de Mekare contra los aires de divinidad de Akasha, diciéndole que no era una diosa porque los dioses no existen, las terminó condenando a muerte. Antes de eso Akasha hizo que le cortaran la lengua a Mekare (quien le hechó una maldición a Akasha antes de que lo hicieran, de que ella la destruiría) y arrancar los ojos de Maharet. Esa noche, Khayman las fue a visitar, los reyes habían traicionado a su fiel servidor, transformándolo en bebedor de sangre y hizo a Maharet y a su hermana inmortales para acabar con los reyes y que la maldición se cumpliera.
Cuando Akasha despierta de su sueño por las canciones de Lestat, hace que Maharet vuelva a aparecer y se reencuentra con su hermana. La maldición se cumple y decapita a Akasha. Se come su cerebro y su corazón y así Maharet se convierte en la nueva reina de los condenados asegurando la supervivencia de su raza.