jueves, 18 de septiembre de 2014

Supersticiones: Tocar madera

Los cultos en torno al roble son muy antiguos. Surgieron independientemente entre los indios norteamericanos hace unos 4.000 años, y más tarde entre los griegos. Ambas culturas, al observar que el roble era alcanzado frecuentemente por el rayo, supusieron que era la morada del dios de los cielos —según los indios— y del dios del rayo —según los antiguos griegos.
En Europa, durante la Edad Media, los eruditos cristianos aseguraban que la superstición de tocar madera se originó en el siglo I, y procedía de que Cristo fue crucificado en una cruz de madera. Tocar madera en señal de esperanza era supuestamente un sinónimo de la plegaria de súplica, y equivalía a decir: «Señor, haz que mi deseo se haga realidad.»
Sin embargo, los eruditos modernos aseveran que no hay más verdad en esa creencia que en la que la precedió. Según ella, toda catedral cristiana del continente europeo poseía un fragmento de madera de la Vera Cruz. Así, la veneración católica de las reliquias de la cruz, no sería el origen de la costumbre de considerar con respeto la madera, sino que más bien modificaría y reforzaría una creencia pagana mucho más antigua.
Otras culturas reverenciaban diferentes tipos de árbol, a los que dirigían plegarias y tocaban. Para los egipcios el árbol sagrado era el sicomoro, y para las antiguas tribus germánicas el árbol predilecto era el fresno. Los holandeses se adhirieron a la superstición de tocar madera, mas para ellos el tipo de madera carecía de relevancia; lo que si importaba era que la madera estuviera sin barnizar, sin pintar y sin tallar, y que careciera de cualquier adorno.
También se dice que el origen de la superstición se encuentra entre las costumbres paganas de los druidas y magos de otros tiempos, que recurrían a la madera como a una "toma de tierra" para las malas vibraciones. De esta última versión viene la exigencia de que cuando se toca madera ésta no debe tener "patas", es decir, que no valen ni mesas, ni sillas...
Cuando se menciona algo que se desea que suceda hay que tocar madera para que efectivamente el deseo se realice y no ocurra nada que lo impida.
Cuando cruje la madera de una casa es una señal de muerte. Las vigas que crujen y las mesas que chirrían son presagios de desastres o muertes.