sábado, 1 de marzo de 2014

Habondia, la reina de las hadas

Numerosas fuentes la identifican como Reina de las Hadas, así cómo de las Dríades helénicas, que habitaban en los troncos de los árboles, y de las Parcas latinas, infatigables tejedoras de la consumación del destino. Se afirma que suele enamorarse de los hombres y nunca da órdenes sino que solicita reclamos, casi siempre en tono apacible. Pero si sus súplicas no son atendidas, su respuesta puede ser feroz: abundan las leyendas de varones indiferentes o apresurados en el amor, convertidos en piedra por no atender a sus ruegos y urgencias.
Emparentada con las vírgenes druidas de los celtas, las hadas poseyeron siempre esa doble sustancia que las mitologías otorgan al principio femenino de la naturaleza, tambaleando entre la procreación y el exterminio. Habondia manifiesta vivamente esa doble faz del principio femenino de la naturaleza que oscila entre la cálida maternidad y el exterminio sensual.
La cultura griega identificó a las hadas con las ninfas, afables protectoras de todo lo viviente; pero también con las moiras, cuya sigilosa y fugitiva presencia recordaba el inexorable cumplimiento del devenir humano, que concluye con la muerte.
Las novelas de caballería multiplicaron los nombres y el prestigio de Habondia, y su seductora personalidad acabó abriéndose camino en la historia: en sus  crónicas bretonas, Villiers de Lancrois afirma que se apareció a Juana de Arco, en su bosque natal de Domrémy, para confirmarle la certeza de sus revelaciones y videncias, y a partir de las baladas de antaño, de Francoise Villion, varios poetas la convirtieron en amiga y confidente de la doncella de Orleans.