jueves, 25 de octubre de 2012

Combustión espontánea

La combustión espontánea es uno de esos fenómenos que se debaten entre el mito y la realidad clínica.
Sin embargo, estudios científicos han confirmado la posibilidad de que suceda.
Entre todos los destinos inexplicables que pueden aguardar a una persona, quizá el más extraño sea el de arder inesperadamente sin que nínguna causa aparente lo justifique. Las víctimas son devoradas por unas llamas  tan terribles que en pocos minutos la persona queda reducida a un montón de cenizas carbonizadas.
Estos casos han provocado un gran conflicto entre médicos, investigadores y científicos en cuanto a su origen y la posibilidad de que la causa esté en el mismo cuerpo humano.
La combustión espontánea ocurre cuando un objeto, en este caso un cuerpo humano, se incendia a causa de una aparente reacción química detonada en su interior sin que una fuente externa de calor influya en  el proceso. En la mayoría de los casos la víctima se consume casi por completo, contrastando con el resto de su entorno, el cual permanece casi intacto.
Este fenómeno fue muy popular en los siglos XVIII y XIX, y entre otros, el famoso novelista británico Charles Dickens se sintió fuertemente atraido por el tema. Dickens habia examinado los casos de combustión espontánea humana como podría hacerlo un juez, conocía la mayor parte de los primeros casos y descibrió algunos de ellos en sus obras.
Quizá la caracteristica más cumún sea la gran velocidad con que se produce. Muchas víctimas fueron vistas con vida pocos momentos antes de que el fuego sobreviniese de la nada.
Otra característica casi universal es la extrema intensidad de calor que genera. En circunstancias normales es muy dificil quemar un cuerpo humano, máxime si está vivo, y los cuerpos de las personas que mueren envueltas en llamas normalmente sólo sufren daños parciales o superficiales.
Todos los expertos afirman que la reducción de un cuerpo humano a un montón de cenizas calcinadas requiere una gran cantidad de calor, y que se debe echar combustible y mantener el fuego durante horas: a pesar de ello, los crematorios suelen incluso moler los huesos que quedan.
Otro extraño fenómeno es la localización del calor. Los cuerpos abrasados se hallan estirados en camas intactas, sentados en sillas ligeramente quemadas o con los vestidos en perfecto estado.
Algunos especialistas se han planteado el hecho de que las victimas no griten ni luchen. Es algo más que un simple quemarse; existen algunos elementos psíquicos que preceden o acompañan a este hecho y que podrían explicar la apatía o incapacidad por parte de las víctimas supervivientes de explicar lo que les ocurrió.
Uno de los principales argumentos utilizados por los defensores de una causa paranormal de la combustión humana espontánea es que el cuerpo humano está compuesto principalmente por agua, por lo que no arde muy bien. Sin embargo, en muchos casos de combustión espontáneam los cuerpos de las víctimas fueron reducidas a cenizas. Para llegar el cuerpo humano a tal estado se necesitan temperaturas de más de 1700ºC. Incluso en los modernos crematorios, que trabajan con temperaturas de 870-980ºC, los huesos no se consumen completamente y tienen que ser molidos.
El mayor problema que aparece al estudiar las alegaciones de combustión espontánea es la falta de datos.
En la mayoría de los casos no se cuenta con datos forenses o investigaciones detalladas y, en muchos casos se carece de información tan básica como el nombre de la víctima o la fecha del suceso. En los casos en los que se cuenta con descripciones detalladas y fiables aparecen una serie de elementos comunes:
El fuego suele estar localizado en el cuerpo de la víctima. Los muebles y los electrodomesticos cercanos a la víctima suelen quedar intactos. Los alrededores de la víctima sufren poco o ningún daño.
La zona alrededor de la víctima y, a veces el resto de la habitación, se encuentra cubierta de un hollín grasiento.
El cuerpo de la víctima suele quedar mucho mas quemado que en un incendio convencional. Las quemaduras, sin embargo no se distribuyen uniformemente por todo el cuerpo. El torso suele quedar muy gravemente dañado, a veces reducido a cenizas, pero las extremidades de las víctimas a veces quedan intactas o poco dañadas.
Todos los casos ocurren en el interior de edificios.
Casi siempre las víctimas tienen algún problema de movilidad (invalidez, sobrepeso...) o se encuentran incapacitadas (consumo de alcohol, barbitúricos...)
En todos los escenarios hay alguna posible fuente externa de ignición.
Nunca hay testigos oculares del momento del suceso.
Las víctimas son encontradas un largo tiempo después de ser vistas con vida por última vez (típicamente más de 6 horas).
Las víctimas, en los casos citados, tienden a ser adultos mayores.
Las explicaciones racionales de estos sucesos se engloban en dos categorías básicas: crímenes y efecto mecha.
A pesar del nombre de "espontánea", lo cierto es que nunca ha habido testigos presenciales del momento de la ignición y en todos los casos con suficiente información transcurrieron varias horas desde que la víctima fue vista por última vez y el descubrimiento del cadáver.
El efecto mecha o efecto vela se produce cuando la ropa de la víctima se prende con alguna fuente de ignición externa. Si se dan las condiciones adecuadas, este primer fuego quema la piel y empieza a derretir la grasa corporal. Esta grasa es absorbida por la ropa, que actúa como la mecha de una vela, alimentando el fuego de forma constante y durante horas. La grasa humana arde a 215ºC aunque, si está embebida en una mecha puede arder a una temperatura menor. Aunque esta temperatura es mucho menos que la utilizada en hornos crematorios, en estos la temperatura está optimizada para incinerar un cuerpo en poco tiempo, y temperaturas menores pueden conseguir el mismo efecto si actúan durante bastante tìempo.