jueves, 20 de agosto de 2015

Testimonio del árabe loco - I

EL HORROROSO INFLUJO DE LOS TRES SELLOS DE MASSHU

“ Este es el testimonio de todo lo que he visto, y de todo lo que he aprendido, en aquellos años que poseí los tres sellos de Masshu. He visto mil y una lunas, y seguro que es suficiente para la vida de un hombre, aunque se afirma que los profetas vivieron mucho mas. Estoy débil y enfermo, y soporto un gran cansancio y agotamiento; un suspiro mora en mi pecho como si fuera una obscura linterna. Soy viejo.
Los lobos transmiten mi nombre en sus conferencias de medianoche, y esa voz sutil y tranquila me llama desde lejos. Y una voz mucho mas próxima me gritará al oído con impía impaciencia. El peso de mi alma decidirá cual será el lugar de su reposo. Antes de que llegue la hora debo escribir todos los horrores que acechan fuera y que aguardan ante la puerta de cada hombre, porque este es el arcano antiguo que ha sido legado desde tiempos remotos, pero que fue olvidado por todos, con la excepción de unos pocos, que son los adoradores de los antiguos (¡que sus nombres sean borrados de la existencia!).
Si no completo esta misión, tomad lo que hay aquí y descubrid el resto, por que queda poco tiempo y la humanidad no conoce ni entiende el mal que le espera desde todos los lados, desde cada pórtico abierto, desde cada barrera rota, desde cada acólito sin mente que hay ante los altares de la locura.
Porque este es el libro de los muertos, el libro de la tierra negra que yo he escrito, arriesgando la vida de forma exacta a como lo recibí en los planos de los Igigi, los crueles espíritus celestiales que existen mas allá de los peregrinos de los yermos.
Que todos aquellos que lean estos escritos reciban la advertencia de que el hábitat de los hombres es observado y vigilado por la antigua raza de dioses y demonios que proceden de un tiempo anterior al tiempo, y que buscan venganza por aquella batalla olvidada que tuvo lugar en alguna parte del cosmos y desgarró los mundos en los días anteriores a la creación del hombre, cuando los dioses mayores caminaban los espacios, cuando estaba la raza Marduk, tal como le conocen los caldeos y Enki, nuestro amo, el señor de los magos.
Sabed entonces, que yo he recorrido todas las zonas de los dioses, y también los lugares de los Anzonei, y que he descendido a apestosos sitios de muerte y sed eterna, que pueden alcanzarse a través del pórtico de Ganzir, construido en Ur en los días anteriores a Babilonia. Sabed también que he hablado con todo tipo de espíritus y demonios, cuyos nombres ya no se conocen en las sociedades del hombre, o que nunca fueron conocidos. Y los sellos de algunos están escritos aquí, sin embargo, los de los otros, me los he de llevar conmigo cuando os deje. ¡ Que Anu tenga misericordia de mi alma! He visto las tierras desconocidas que ningún mapa ha cartografiado jamás.
He vivido en los desiertos y en los yermos, y he hablado con demonios y con las almas de los hombres asesinados, y también con las almas de las mujeres que murieron al nacer, victimas de ese demonio femenino, Lammashta. He viajado por debajo de los mares en busca del palacio de nuestro amo, y encontré los monumentos de piedra de civilizaciones derrotadas, descifrando las escrituras de algunas de ellas; otras siguen siendo un misterio para cualquier hombre vivo. Y estas civilizaciones fueron aniquiladas por el conocimiento que contienen estos escritos que os lego. He viajado por las estrellas y he temblado ante los dioses. Por fin he encontrado la fórmula con la que atravesé el pórtico de Arzir pasando hacia los reinos prohibidos de los asquerosos Igigi.
He evocado a los demonios y a los muertos. He invocado a los fantasmas de mis antepasados, dándoles una apariencia real y visible en las cimas de los templos construidos para alcanzar las estrellas y tocar las mas bajas cavidades del Hades. He luchado con el mago negro, Azagthoth, en vano, y huí a la tierra invocando a Inanna y a su hermano, Marduk, Señor del hacha de doble filo. He levantado ejércitos contra las tierras del este llamando a las hordas de espíritus malignos a las que obligué a ser mis súbditos y al hacerlo encontré a Ngaa, el Dios de los paganos, aquel que escupe llamas y ruge como mil truenos.
He encontrado el Miedo. “