domingo, 11 de enero de 2015

Sanatorio de la Sabinosa

El sanatorio preventorio de la Sabinosa se encuentra en Tarragona, entre las playas de Sabinosa y la Arrabassada.
Abrió sus puertas en el año 1929, fue diseñado por el arquitecto Francesc Monravá i Soler, dando servicio como centro sanitario durante la Guerra Civil Española. El hospital dio alojamiento a los republicanos durante la derrota del Ebro.
Su arquitectura pertenece a la de hospitales de unidades múltiples, cada bloque del conjunto tiene solo unos pisos, con cuatro alas principales flanqueando un edificio central.
Dentro del hospital se pueden encontrar calles, plazas, fuentes y pabellones con un trazado simétrico.
Más tarde pasó a ser un sanatorio de tuberculosos infantil con una capacidad de 600 plazas y 9 módulos que constan de entre dos y cuatro plantas cada uno. La persona que supervisó las instalaciones antes de su apertura como preventorio en el año 1946 fue la Vocal del Patronato Antituberculoso Doña Irene Roig.
Los pacientes eran niños de entre siete y doce años y ninguno de ellos tenía la enfermedad diagnosticada. Simplemente eran jóvenes que podían ser propensos por su constitución física o haber estado en contacto con personas infectadas.
Durante décadas fue el lugar donde generaciones de niños huérfanos del régimen franquista fueron encarcelados y maltratados.
Muchos testimonios afirman que muchos de estos niños sufrieron malos tratos por parte de las cuidadoras. Los módulos del 1 al 8 eran utilizados para acoger a los niños con familia. Estos llevaban unas vida en el sanatorio menos estricta y dura, donde las humillaciones y malos tratos eran menos frecuentes. Pero el módulo 9 era otra historia.
Aquí estaban los niños que habían sido recogidos de la calle, con los cuales lamentablemente las cuidadoras volcaban sus frustraciones.
Según testimonios anónimos, los niños estaban recluidos como en una prisión y no podían ejercer el derecho de libertad ni para ir al servicio a determinadas horas.

Tampoco se les permitía jugar de forma frecuente ni beber más de un vaso de agua al día. Frecuentemente eran sometidos a continuos castigos físicos por parte de las cuidadoras del centro.
En 1967 como muchos sanatorios al ser erradicada la enfermedad, la Sabinosa cierra sus puertas.
Al entrar al abandonado sanatorio, se notan cambios de temperatura de calor a frío sin motivo aparente para ello, según se recorre el lugar se pueden escuchar voces de niños, tanto en el interior, como fuera del edificio, sin que haya nadie en el lugar.
Algunos testimonios de lo allí ocurrido :
Anónimo 1, Cartagena. – Entre los años 1952 y 1954, estuve dos veces en este preventorio. Solo me quedan pocos recuerdos, Cuando salíamos a la playa, nos obligaban a estar sentados, en corro, y jugábamos con las piedras. Desde la llegada solíamos cantar los días que nos faltaban para volver a casa, menos cuando pasábamos delante del viejo Cicuta, el peluquero. Que nos pelaba casi al cero, entonces cantabamos “quien te ha cortado el pelo Cicuta el peluquero”. También me acuerdo de la cara del “facha” director, que algunas veces con aires de Joaquin Blummen, nos hacía hacer una gimnasia tan pobre que consistía en tres movimientos, y que decir de ese cura. Cogí a hurtadillas y fui a la cocina para coger simplemente un trozo de pan, volví... me pregunto donde había estado el cura, quizás sea la única vez que mentí a un confesor.
Esto es como los viajes, si fueran perfectos, no tendríamos nada que contar a nuestros nietos.
Anónimo 2, Madrid.- “Yo fui uno de los niños que estuvo tres meses de mi vida en esa cárcel, donde te obligaban a comer pura bazofia y estar tres horas diarias de siesta durmiendo en la misma postura (todos los niños acostados del lado derecho) y si dabas con una cuidadora con mala leche y sospechara que te movías en la cama durante la siesta se pegaba contigo como si fuera un hombre tratando de hacerte todo el daño que podía.
Pero en fin, solo fueron tres meses, por aquel entonces había sitios peores (internados del estado) con trato deshumanizado hacia los niños, por personas con sotana, que supuestamente debían ser los mas humanos, pero no. No era así, y espero se pudran en el infierno todos esos torturadores que dejaron a esos niños de entonces marcados de por vida.
El delito de estos niños era el ser pobres de solemnidad.
Anónimo 3, Madrid .- Yo estuve en ese preventorio, pero nadie me previno de lo que allí se cometía. Recuerdo el sonido de las piedras de pedernal golpeando los somieres metálicos para desprender los chinches y pisarlos de forma inmisericorde cuando aterrizaban en el suelo, también el rosario diario (a costa de intentarlo consiguieron que llegase a odiar la religión católica). Era el verano de 1966, yo tenia 7 años, recuerdo como nos obligaban a entregar la correspondencia abierta par poder intervenir las quejas a nuestros progenitores. Con todo, el peor recuerdo que tengo es la sensación de absoluto abandono a nuestra suerte en manos de aquella horda de personajes sacados de los cuentos de Edgar Allan Poe. Un abrazo muy cordial a todos los que como yo disfrutamos de las bondades del régimen”.
A día de hoy hay un proyecto para levantar una universidad en el lugar donde está el sanatorio.