jueves, 21 de noviembre de 2013

El edificio de la calle tres forques (Valencia)

Este edificio de siete alturas y ático, cuyos balcones se asoman incrustados sobre el típico ladrillo rojo de las viviendas que se levantaron durante el franquismo, acumula varias tragedias en su historia. La finca da a tres viales diferentes (de hecho tras su construcción en 1957 figuraba en el número 78 de la calle Cuenca). Junto al actual número uno de la calle Tres Forques, sin embargo, hay una placa de la avenida de Benito Pérez Galdós. La esquina puede llevar de cabeza a cualquier cartero novato.
El edificio fue construido en 1957, el año que fallecieron 81 personas por la riada. El primer mal agüero. Una placa del Ministerio de Vivienda anuncia que el inmueble está acogido a los beneficio de la Ley de 15 de julio de 1954, un elemento franquista que todavía perdura en el tiempo.
La muerte de una mujer de unos 30 años a puñaladas a manos de un hombre de 40 ocurrida la madrugada del 2 de marzo de 2012 en un edificio situado en el número 1 de la Avenida de Tres Forques de Valencia es la última de las personas fallecidas de forma violenta o en extrañas circunstancias en esta misma finca desde el año 1968.
El 1 de noviembre de 1968 falleció en este edificio, -aunque en ese momento la calle se llamaba Cuenca-, la famosa vedette Gracia Imperio junto a su ex novio en "extrañas circunstancias", según destacan los periódicos de la época.
Gracia Imperio, conocida como 'la vedette de los ojos musulmanes', fue la protagonista el año 2011 de un largometraje del guionista y cineasta Francesc Betriu, que aborda los misterios que envolvieron el caso 42 años después, a la vez que se analizan la revista y las varietés en el contexto de la sociedad española de la época.
La vedette y su novio fueron encontrados sin vida en la bañera. La espita de gas estaba abierta, así que se barajan todavía hoy diferentes teorías en torno a las muertes de ambos.
Había debutado en el teatro de La Zarzuela de Madrid. Era una de las estrellas de la revista y las lentenjuelas, una mujer explosiva que se codeó con Antonio Machín y triunfó en Madrid, Barcelona y Valencia.
Un modisto descubrió los cadáveres de la conocida vedette y su ex novio en la vivienda que la artista había alquilado. La dueña del Mogambo Club de Valencia y de casi todas las casas del edificio, Mercedes Viana, ofreció a Emilia Argüelles, el nombre real de Gracia Imperio, la posibilidad de instalarse en uno de sus pisos. La vedette iba a residir una temporada en Valencia porque dos salas de fiestas la habían contratado.
El modisto había llamado de forma insistente a la puerta. Nadie contestó. Llevaba una llave del domicilio porque tenía que preparar el vestuario de la artista. Sin embargo, no quiso entrar y llamó al portero del edificio para que le acompañara. Temía que hubiera ocurrido algo grave. Y no se equivocó.
Emilia Argüelles llevó de cabeza a la censura franquista porque acostumbraba a cantar mostrando sus pechos y siempre le persiguió un mal llamado halo de misterio, vinculado a su éxito con los hombres y su paso por la prisión por un aborto. A partir de 1962, Gracia Imperio se bajó del teatro para subirse a las salas de fiestas y espectáculos de variedades. Y es aquí donde Valencia se cuela en la vida y la muerte de la artista. Fue la reina del Broadway valenciano, es decir, los teatros de Ruzafa (que han desaparecido de la trama urbanística).
Tiempo después, otro vecino del edificio, el cuñado de Mercedes Viana (la dueña del Mogambo Club y 11 pisos de la finca), falleció al caer o arrojarse por el hueco de la escalera, tenía problemas mentales.
La cuarta víctima fue un joven de 18 años. Murió en su domicilio en el octavo piso tras consumir presuntamente drogas cuando celebraba su cumpleaños con sus amigos. Sus padres no estaban en casa.
Unos años más tarde, ya en la década de los 70, murieron dos hermanos de corta edad al caer por la ventana.
Uno de los niños estaba saltando en la cama, ubicada cerca de la ventana, y en uno de los saltos se precipitó al vacío. Al intentar alcanzarlo, su hermana corrió la misma suerte.
Otra de las personas fallecidas residía en la puerta 15. Un hombre muy trabajador y educado, según los vecinos, su madre llevaba varios días sin poder contactar con él por teléfono, y cuando vinieron para ver qué pasaba descubrieron el cadáver.
Un estafador del caso de la Nueva Esperanza, una inmobiliaria que cobró más de 100 millones de las antiguas pesetas por viviendas que nunca entregó, también tuvo su domicilio en el número 1 de la calle Tres Forques.
Otro delincuente saltó del tercer piso cuando huía de la policía y se rompió la piernas.
En los años 80, un anciano se quitó la vida al lanzarse desde una de las viviendas.
Y en la madrugada del 2 de marzo de 2012, Javier O., uno de los vecinos de la puerta 10, mató presuntamente a una prostituta y escondió el cadáver en el trastero del edificio.
El homicida, de 40 años y con antecedentes policiales, fue detenido unos 10 minutos después por la policía nacional en el centro de la ciudad. El sospechoso llevaba la ropa manchada de sangre y un cuchillo cuando fue apresado en la calle Balmes.
Los gritos de la víctima despertaron a varios vecinos, que llamaron a la policía o se asomaron por la mirilla de su puerta Eran las cinco de la madrugada. Al lugar de los hechos acudieron con urgencia varias patrullas de la policía nacional. Los agentes descubrieron el cadáver de la mujer en el portal de la finca.
El homicida escondió el cuerpo en un trastero donde los vecinos guardan bicicletas y utensilios viejos. Había señales de arrastramiento y la puerta del trastero estaba abierta.
Un médico del SAMU certificó la muerte de la mujer y dejó el camino libre a los investigadores y el forense.
Un equipo de policía científica realizó una minuciosa inspección en el portal del edificio, el cadáver y las escaleras, donde un rastro de gotas de sangre llevó a los agentes hasta el piso donde residía el detenido: la puerta 10 en la quinta planta de la finca. Mientras tanto, agentes del grupo de homicidios recogían los primeros testimonios de un compañero de piso del homicida y de varios vecinos que habían oído golpes y gritos.
Según la reconstrucción de los hechos realizada por el grupo de homicidios de la policía nacional, el homicida bebió una botella de vino durante la cena con un compañero de piso. Al parecer, Javier O. también consumió cocaína. Ambos residen en sendas habitaciones realquiladas por un tercer hombre, que también vive en la vivienda. Uno de los inquilinos se marchó a trabajar, el otro se fue a dormir a su habitación y Javier O. contrató los servicios de una prostituta brasileña. La víctima, que no llevaba ningún documento de identidad, recibió una paliza mortal sobre las cinco de la madrugada. Un vecino escuchó sus gritos poco antes del crimen.  Era Edilene Oliveira, de 32 años, que intentaba zafarse de su agresor.