jueves, 7 de noviembre de 2013

El fantasma de Catalina Howard


Catalina Howard, conocida como "la rosa sin espinas" nació alrededor del año 1522, siendo la segunda de las cinco hijas de Lord Edmund Howard y de Joyce Cultpepper, siendo prima por el lado paterno de Ana Bolena. El padre de Catalina estaba constantemente endeudado y con problemas económicos.
Su sobrina Ana le consiguió un empleo en el gobierno, trabajando para el rey en Calais.
En ese momento, la joven Catalina fue enviada a vivir con su abuela, Isabel Tilney.
Su abuela regentaba una casa de huéspedes y recibía a numerosos visitantes. Su abuela estaba constantemente en la corte, así que Catalina pronto se vio envuelta en los enredos amorosos existentes en la casa.
A finales de 1539, Catalina consiguió el empleo de dama de compañía de la nueva esposa de Enrique VIII, la reina Ana de Cleves.
Al ser una adolescente atractiva, Catalina captó la atención del rey Enrique que anuló su matrimonio con Ana el 9 de julio de 1540 y se casó con Catalina, que había sido su amante durante dos meses, el 28 de julio del mismo año en el palacio de Oatlands, en Surrey.
Enrique tenía casi 50 años mientras que Catalina estaba aún en la adolescencia.
Enrique, viejo y obeso, llenó a su joven esposa de joyas y otros regalos extremadamente caros. El rey desconocía el pasado de Catalina a la que consideraba una reina joven y virtuosa.
A pesar de todas estas riquezas, Catalina encontró que su matrimonio no le satisfacía y buscaba entretenimientos amorosos en cualquier parte. Inició un romance con uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper.
En 1541 aumentaron los rumores sobre la conducta de la reina. Uno de los antiguos compañeros de Catalina reveló la relación que la reina había mantenido relaciones con Francis Dereham. En un principio, el rey no quiso creerlo hasta que las evidencias fueron demasiado claras para negar el hecho.
Catalina fue puesta bajo vigilancia en sus aposentos, acompañada tan sólo de una de sus damas de compañía. Fue interrogada por los consejeros del rey en numerosas ocasiones.
Se habló de divorciase y exiliar a Catalina hasta que se descubrió una carta de amor que había escrito a Culpeper, Sin embargo, la reina apenas sabia escribir su nombre, lo que demuestra la falsedad de esta supuesta carta. .
Se le acusó de adulterio que, en el caso de la reina, significaba traición.
La reina fue encerrada en la abadía de Middlesex en invierno de 1541. Thomas Culpeper y Francis Dereham fueron ejecutados el 8 de diciembre de 1541. El caso de la reina llegó al parlamento en enero.
Un día, mientras Enrique VIII asistía a misa en el palacio de Hampton Court, Catalina logró escapar de sus aposentos, donde había sido encerrada hasta que el rey decidiera su destino. La joven llegó a la carrera hasta la puerta de la capilla; pero no tuvo oportunidad de pedir clemencia al monarca. Los guardias la detuvieron y la arrastraron de vuelta a sus dependencias mientras imploraba a gritos el perdón de su marido.
Fue llevada a la Torre de Londres el 10 de febrero de 1542. La noche antes de su ejecución, Catalina pasó horas practicando como colocar su cabeza sobre el cadalso.
Fue ejecutada el 13 de febrero de 1542, llegando al cadalso con dignidad aunque se la veía pálida y aterrorizada.
Antes de morir, pidió perdón a su familia y rezó por la salvación de su alma. Su muerte fue rápida y fue enterrada en la capilla de San Pedro-ad-Vincula, junto a su prima Ana Bolena.
Catalina fue reemplazada en el lecho de Enrique VIII por Catalina Parr. Sin embargo, Catalina Howard nunca abandonó Hampton Court.
Desde que en 1870 la reina Victoria abrió el palacio al público, el pasillo por el que fue arrastrada Catalina ha sido escenario de fenómenos extraños, hasta tal punto que es conocido como la Galería Encantada. Ya a principios del siglo XX, el pasaje "había sido asociado a experiencias inusuales que incluían visiones de una misteriosa dama blanca que se pasea por la citada galería llorando desconsoladamente, alaridos inexplicables, cambios bruscos de temperatura, misteriosos ruidos sin aparente explicación y puertas que se abren y que se cierran sin la intervención de nadie, según una investigación en el palacio de Hampton Court.