viernes, 18 de octubre de 2013

Yule en la tradición nórdica


La temporada de caza de Odín cabalgando a lomos de Sleipnir, su caballo de ocho patas, comienza en la víspera de Samhain o Halloween, el 31 de octubre, y termina con una cabalgata nocturna atravesando el cielo nocturno en la noche del solsticio de invierno, para dar comienzo a un nuevo ciclo del año, conocido como la fiesta de Yule.
En la tradición antígua, Yule dura doce días con sus noches.
La primera noche de Yule es la noche antes del solsticio y se conocía como la noche de las madres, en esa noche los nórdicos se sentaban a esperar el alumbramiento de Balder, el dios solar, nacido de la diosa Frigg, hijo de Odín.
Con el solsticio de invierno la diosa Frigg giraba la rueda del año para darle un nuevo comienzo, ese es el significado de Yule, el mivimiento circular y al eterno retorno del todo.
En ocasiones, esta fiesta, o sabbat, recibió el nombre de Hweolor tid, que significa el momento decisivo, a partir del cual todo comienza un nuevo ciclo.
Yule es también una noche para contactar con los espíritus antepasados.
En la noche de navidad Hel, la diosa del inframundo, abría las puertas de su reino a todos los creyentes, y las cerraba la noche e la observancia, que espués se llamó noche e reyes. Esta fue durante un tiempo otro sabbat mas, en el que se marcaba el fin de la festividad de los doce días y se daba comienzo a la actividad del nuevo año.
En los calendarios rúnicos. el periodo de doce días desde el 25 de diciembre al 6 de enero, está marcado con una rueda (Yule).

Según la tradición durante ese tiempo todo debía pararse, marcando una detención de todas las manifestaciones solares.
Se detenían los viajes y se cortaba un árbol, como un fresno, un pino, un abeto, o un tejo., se dejaban pequeños trozos de carne bajo los árboles y se vigilaban a los cuervos, los pájaros sagrados de Odín, el árbol bajo el que estaba el primer trozo de carne que comían los cuervos era el elegido para talar.
Se cortaban las ramas y se repartían entre la gente que las adornaban con accesorios que evocaban la fertilidad y la abundancia, en el tronco inscribían los deseos colectivos y al final de Yule se cortaba y se repartía entre la gente para ser quemado ritualmente en el fuego del hogar.