lunes, 18 de febrero de 2013

Evangelio de los vampiros, El libro de los profetas, Cap. XIII

Esto ocurrió al despuntar el arco iris de la Noche Infinita sobre los mares de Absu el antiguo.
Cuando, tras el crepúsculo, Melancolía II extendió sus alas por vez primera, y su grito rasgó el Velo de las Dimensiones.
El primer vuelo depositó a Dissaor y Aradia en lo profundo del Gran Abismo.
Fue aquel tiempo el mismo cuando los ojos de Henoc fueron abiertos por la visión del que está en los
cielos; Henoc anduvo con el Creador, y desapareció porque el Creador se lo llevó, tras sufrir Henoc la conversión por haber recibido sabiduría de las Criaturas de las Tinieblas, en la ciudad edificada por Caín con su nombre, Henoc.
Vivió después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas; y sabido es que uno de sus descendientes fue Lamec; y Henoc vivía cuando Lamec, hijo de Metusael, mató aun hombre que lo hirió, ya un joven por una confusión que recibió.
Los Nefilim volvieron ala Tierra en aquellos días, y vieron la primera sub-raza de la quinta Raza-madre; y Henoc, también llamado Henoc, entraña los misterios de los números: el año solar, pues siendo el séptimo, es el espacio de las dos Razas que le preceden, con sus catorce sub-razas.
Mas los senderos del entonces profeta de la luz Henoc se encontraron con los senderos de los No-muertos y las Criaturas de las Tinieblas.
Los espíritus de los Nefilim, provenientes de la Dimensión donde aguardan y acechan la nueva obscuridad, oprimían y combatían sobre la Tierra y hacían el duelo, sin comer ningún alimento y no tenían sed, ni eran reconocibles por no estar en cuerpo físico, como era antes del diluvio.
Estos espíritus se alzaron contra los hijos de los hombres, por haber salido de entre ellos; de éstos algunos fueron los Vampiros Gigantes, cuya memoria no fue borrada.
Y los Vampiros Gigantes salieron de la carne de los gigantes, porque ellos fueron hechos por los hombres; fueron llamados espíritus malos, y sobre la Tierra fue su morada; y Henoc, siendo aún profeta de la luz, les dijo: no hay perdón para vosotros.
Henoc llegó hasta el río de fuego que corre como agua y desemboca en el gran mar que se encuentra al lado de la luna Poniente; y observó los grandes ríos y alcanzó una gran obscuridad, y llegó ahí donde ningún ser de carne pisa;
Y vio las montañas de las Tinieblas del invierno, y el lugar en que desembocan las aguas de todo abismo; y vio la desembocadura de todos los ríos de la tierra y la desembocadura del abismo.
Mas esos espíritus malos que contempló en aquel día con sus noches no eran Vampiros Gigantes, sino Dissaor, Aradia, y los seres crepusculares que con sus cánticos despertaban a los Vampiros Abismales.
Y los cánticos eran: AAGHARTA -NYAHGFTGHN -AE -BERALANENSIS- OG -NARGA TH -AZHURA -MAZDA-EE -BEHEMOTH -AIRENNIRA -OG -AE -NI -RALANENSIS -OGHTOGH -AZHERA -MOTHRA -ENEIAA -AAGHIENTA -AAGHARTA -OG.
Y la música del vuelo de los Vampiros fue liberada para los oídos del profeta y el loco; el melancólico y el solitario; el vidente y el enviado; el desterrado y el poeta; y fue pronunciado el número trece mil seiscientos seis; fueron rotas las fuentes del Hades y sobre ellas se formó el arco de la obscuridad, como está escrito en el Libro de la Búsqueda; los Vampiros Abismales despertaron de un sueño de seis
Esto ocurrió en el depósito de todos los vientos, y los cimientos de la Tierra, donde está la piedra angular, y los cuatro vientos que sostienen la Tierra y el firmamento del cielo; y los vientos se extendieron como un velo sobre el Gran Abismo, y se alzaron hasta la región de siete montañas de piedras preciosas.
Un fuego ardió de esas montañas, engendrado en un lugar más allá de la Tierra, donde se juntan los cielos; surgió un remolino profundo, cerca de las columnas de fuego del cielo; y más allá de ese remolino, se extendía un lugar desierto sobre el que no había agua ni criaturas, con siete estrellas parecidas a grandes montañas que ardían.
Y cuando Henoc preguntó, su ángel-guía le dijo: Este lugar es el fin del cielo y la Tierra, es la cárcel de las estrellas y los poderes del cielo; que han transgredido el mandamiento del Creador; y las ha encadenado hasta el tiempo de la consumación de su pecado, en el año del misterio".
En aquel año despertaron los Vampiros Abismales; al tiempo que el tercero de la Trinidad, Lamec, descendiente de Henoc, subió a la cárcel de las estrellas y los poderes del cielo; y mientras Dissaor y Aradia despertaban uno a uno a los Vampiros Abismales, Lamec ayunaba siete días y siete noches de tiempo no-humano.
Pues el ayuno purifica a la Criatura que se convierte en el Que Busca; el ayuno lo perfecciona para las visiones que han de venir; para hablar con los que moran al otro lado de los Umbrales.
Lamec ayunaba, pues habría de recibir los mandamientos de las Criaturas de las Tinieblas, por el rayo y los restos fragmentados de Lo Que No Tiene Forma, a través de Zalmoxis; Lamec ayunaba y aguardaba sin buscar, soñando con Aradia y Melancolía II; la Página de la Ruptura y la Página del Fin de los Tiempos.
Los cánticos de los seres crepusculares bajaron a lo más profundo del Gran Abismo, al tiempo que Dissaor y Aradia liberaban con lujuria el Cono de Poder.
Y he aquí los Vampiros Abismales despertaron, y su numero era de doscientos; fueron llamados por Henoc "hijos de los cielos, ángeles rebeldes, responsables de un gran pecado"; mas Henoc no penetró la completa revelación;
Pues de hacerlo, habría contemplado la belleza de sus alas que, al desplegarse, mostraron los fundamentos de la vida y la muerte, y las generaciones de sombras que han sido, son y serán; y habría escuchado sus murmullos, que sacudieron las entrañas de la obscuridad.
Conoce, Criatura de la Noche, los nombres de sus jefes de docena: Samyaza el Príncipe; Arakib, Araniel, Kokabiel, Tamiel, Ramiel, Daniel, Ezequiel, Baraquiel, Azazel, Beta-riel, Ananiel, Zaquile, Samsapeel, Satariel, Fouriel, Yome-yal, Arazeyal.
Conoce que fueron anatema para los ángeles, cuyo clamor fue en el cielo y los llamaron demonios.
Pues Azazel enseñó a hacer las espadas y los cuchillos, el escudo y la coraza del pecho; los metales y el modo de; trabajarlos, y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio, y de embellecer los párpados, y las más bellas piedras y todos los matices de color y el cambio del mundo.
Y Aradia dijo a Azazel: "Vampiro Abismal, traigo para ti la misión que te han otorgado las Criaturas de las Tinieblas que me han enviado a despertarte al Gran Abismo: que viles los pasos de las Criaturas de la Noche cuando sean jóvenes en su cuerpo; para que en ti encuentren refugio cuando la raza de Abellos margine y atormente, pues son tristes y errantes sobre una Tierra que les ha sido negada".
Y Azazel comprendió, y desde entonces vigila a las Criaturas de la Noche cuando son jóvenes, y escucha sus tristezas y sus gritos de furia; no por compasión, sino por orden; pues fue establecido que ellos estarán solos en la Tierra Mas la Noche Infinita es su hogar.
Amiziras enseñó a los encantadores y a los cortadores de raíces; Armaros enseñó a romper los hechizos; Braquiel instruyó a los astrólogos y Kokabiel les enseñó los presagios.
Y dijo Dissaor: "Vampiros Abismales, traigo para ustedes la misión que yo, Emperador de la Noche Infinita les concedo: Que sean ustedes guardianes de los niños de la Raza de Caín, que son gratos a mi espíritu por cuanto nacen indefensos y prisioneros, por cuanto a sus delicadas almas se les encadena al pecado y la falsa piedad; por cuanto padecen una perversa realidad en vez de alcanzar la Única, que es la de la Noche Infinita; yo Dissaor, les exhorto a que llenen sus sueños de hermosas visiones, que los hagan soñar despiertos mientras los niños de la raza de Abel se burlan de su sabiduría;
Sean la mano invisible que los guarde de los peligros y seque sus lágrimas cuando sus padres humanos los ignoren y repudien; mas no les revelen su existencia, hasta que tengan edad suficiente para discernir lo que de niños sólo intuyen:
Que son sacerdotes y tesoro de las Criaturas de las Tinieblas, seres perdidos y encontrados a sí mismos en el reino de la luz; y que conozco cada uno de sus nombres, pues están inscritos en el Libro".
Mientras Dissaor hablaba así a los Vampiros Abismales en lo alto del Cielo, rugió el Creador, y dijo a Rafael: "encadena a Azazel, de pies y manos, y a los Vampiros Abismales que ha despertado Dissaor el Proscrito; arrójalos a las tinieblas, y abre el desierto que está en Dudael, y arrójalos ahí;
Tírales piedras ásperas y filosas, cúbrelos de tinieblas, a ellos, a Dissaor el Proscrito ya su ramera Aradia, y que permanezcan ahí eternamente; cubre sus rostros para que no vean la luz; y en el gran día del juicio, que sean lanzados en el lago de fuego, pues yo los vomitaré de mi boca.
Y asimismo habló con palabras de odio a sus otros arcángeles, y respirando amenazas de dolor y muerte, los arcángeles empuñaron sus espadas.
Mas ellos, los nocturnos, y todas sus generaciones, se hallaban seguros en sus abismos; y el odio de los arcángeles no prevaleció; pues aunque los arcángeles, los Centinelas y la raza de Abel destruyan sus cuerpos, ni sus espíritus ni sus obras serán destruidas.
Pues en la Noche Infinita desaparece toda opresión de los verdugos, cesan todas sus obras impías, y la mandrágora de la Media Noche renace con rocío de lágrimas; en aquella tierra, quienes fueron víctimas serán eternos y vivirán en la paz, lejos de la imbecilidad humana, descubriendo los tesoros de las sombras.
Mas antes hay de ti, Criatura de la Noche y Vampiro!; habrás de recorrer tu sendero de espinas en la Tierra; entre más proscrito y marginado seas, te vuelves más grande.
Tamiel despertó y enseñó el significado del aspecto de las estrellas.
A él solo se dirigió Aradia diciendo: "Tamiel, a través de mí las Criaturas de las Tinieblas te conceden la misión de susurrar sabiduría al oído de la Criatura de la Noche a la que, sin habérsele otorgado la muerte en su juventud, sigue adelante con su paso en la Tierra; que, dejando atrás las pasiones que ciegan a la Criatura joven, sigue adelante en su camino, ascendiendo a la montaña de la edad, desde donde observa, sereno, a los que vienen detrás de él; tal Criatura se convierte en Hierofante, depósito de sabiduría.
Acompáñalo, Tamiel, pues su camino es aún más solitario e incomprendido; otros de su generación se perdieron, o cayeron en el sendero del amanecer, y viven ahora en Cárceles sepulcro formadas por ellos mismos, para su vergüenza; acompaña al sobreviviente que decide continuar en el lado obscuro",
Y Tamiel extendió sus alas en el espíritu del hombre maduro; y desde entonces susurra en su espíritu Palabra de conocimiento.
En tanto, Lamec cumplía los siete días y siete noches de su ayuno en la cavidad luminosa, con un manantial en el centro; y esto lo presenció Henoc; mas antes de que Lamec recibiera la revelación, Henoc fue cegado y ensordecido por el Creador, pues no convenía que viera y escuchara los mandamientos que las Criaturas de las Tinieblas transmitieron a Lamec por medio de Zalmoxis.
Zalmoxis fue quien enseñó a los hombres a escribir con el agua de hollín y el papiro, y así comenzó la escritura.
He aquí como sucedió: un gran incendio se propagó por las montañas, y en las cavidades donde se hallaba Lamec; el fuego helado de las Dimensiones lo rodeó;
Y Kasdeya'e vino a él: éste es el que enseñó a los hijos de los hombres todas las malas plagas de los espíritus y de los verdaderos demonios, y la plaga del embrión en el seno para que éste sucumba, y la plaga de la vida, la mordedura de la serpiente y la plaga que llega a mediodía.
Y Lamec fue honrado por las Criaturas de las Tinieblas con el Número de Kasbeel, para que lo guardase en su espíritu y lo revelara a los suyos en el fin de los tiempos, pues aquellos que en las Dimensiones conocen este numero tiemblan ante tal secreto, con el que el cielo quedará suspendido, y la tierra se hundirá en el tiempo de la cólera, como no se ha visto jamás desde el inicio del Tiempo.
Con tal número, Lamec escuchó: ¡Bienaventurado seas, Lamec, y escribe! Pues yo, Zalmoxis, te dictaré los trece mandamientos que guardó la voz del trueno y la luz del rayo;
Y sucedió que Lamec fue alzado en un carro de viento, y situado entre el Norte y el Oeste, y desde ahí vio dos ríos, de fuego, y la luz del fuego brillando en las tinieblas.
Un papiro le fue dado por Kasdeya'e, y en él Lamec escribió, con agua de hollín:
Desearás la Noche por sobre todas las cosas;
Buscarás el conocimiento obscuro;
No amarás;
Maldecirás a quienes te maldicen;
No reprimirás ningún instinto;
No aceptarás dogmas hipócritas;
Practicarás la lujuria;
No te arrepentirás de tus actos;
Caminarás en la soberbia de saberte un ser obscuro;
No perdonarás;
Compartirás tus talentos con otros seres como tú;
No traicionarás tus principios;
No temerás a ningún ser humano;
Y Lamec escribió estos trece mandamientos en el papiro, y lo enrolló y lo alzó en su diestra, y abrió las fuentes del Gran Abismo que le revelaron los cimientos del Todo y la Nada; y he aquí el sol y el fuego se apagaron, y se estremeció la Tierra, pues Lamec había recibido los trece mandamientos.
Y en lo profundo del Abismo Zalmoxis dijo: "Oh, Lamec, te he dado sabiduría a ti ya tu descendencia, para que ellos transmitan a todas las generaciones lo que has recibido en este día; guarda, hijo nuestro, estas palabras, no en un papiro, sino en tu corazón".
Y el viento de la Noche Infinita le arrebató el papiro, y éste se consumió en el fuego que no ardía;
Mas esto lo vio Henoc con sus ojos internos; penetró el misterio y vio que la Noche Infinita era hermosa.
He aquí, Henoc subió en espíritu a la Melancolía II y desde entonces recorre las Dimensiones; aunque su cuerpo fue arrancado por el Creador y llevado a las regiones celestes, a sus trescientos años de edad; pues como está escrito en el Primer Libro, los descendientes de Henoc, y Lamec entre ellos, pudieron vivir bajo la luz que aniquila y entre los humanos estúpidos; mas los descendientes de Henoc no eran como la raza de Abel, pues conocían la obscuridad;
Y fueron así una de las dos ramas de la Raza de Caín; y el resto del misterio, origen de las Criaturas de la Noche quedó inscrito en el Primer Libro.
Mas ahora Debes acompañar a Lamec, a su llegada al Gran Abismo, donde la lujuria del conocimiento era con los Vampiros Abismales, Aradia y Dissaor; lejos de los centinelas, donde nadie puede robar la sabiduría de sus espíritus; y vio Lamec que el conocimiento era bueno, ya su vez compartió el que acababa de recibir;
Y vistieron mantos negros de celebración, pues había sido cumplida la Profecía.
Y con Lamec acudieron los Profetas de este Libro, y con el canto MGHART A celebraron en la desembocadura del Gran Abismo; fueron coronados con las piedras preciosas de las siete montañas; y escrito está que los Vampiros Abismales no volverán a dormir hasta que todo haya concluido en las Dimensiones y no exista más el caos.
Aquí terminan las visiones y revelaciones que dieron origen a este Libro, en un tiempo ajeno al terrestre; y el buen sueño, y las bellas visiones, vendrán al melancólico y sensible que las comprenda. Así sea.