viernes, 13 de abril de 2012

Evangelio de los vampiros. La busqueda. Cap. V

Al primer resplandor del alba, una nube negra se alzó en el horizonte; en el interior tronaba Adad, mientras Shullat y Hanish iban adelante, corriendo como dos heraldos por colinas y llanos.
Las Criaturas de las Tinieblas retrocedieron y subieron al cielo de Anu; se agazaparon como perros, contra el muro exterior.
El diluvio duró cuarenta días sobre la Tierra; y crecieron las aguas, y levantaron las arcas.
Los gritos de agonía surgían por todas partes: nadie obtuvo misericordia.
Toda clase de criaturas fue sepultada bajo las aguas.
Quince codos se alzaron sobre ellos las aguas y fueron así cubiertos los montes.
Murió toda carne que se movía sobre la Tierra: aves y ganados y fieras y todo reptil que se arrastraba sobre la Tierra y todos los hombres.
Así fue exterminado todo ser viviente, desde el hombre hasta la bestia, hasta los reptiles y hasta las aves del cielo.
Por espacio de los días se alzaron las aguas sobre la Tierra.
Y las Criaturas de las Tinieblas aguardaban los eventos; y Dissaor, Aradia y Lamec aguardaban el resurgimiento de los seres que portaban la obscuridad y que se hallaban seguros en gran número dentro de las arcas, o en dimensiones que fueron abiertas para ellos.
Muchos seres obscuros obtuvieron refugio.
Todo esto lo percibía Utnapischtim mientras aguardaba el nuevo ciclo: hacia el Monte Nisir se dirigió su nave.
Un fuerte viento pasó sobre la Tierra y bajaron las aguas; se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas del cielo.
Poco a poco retrocedieron las aguas sobre la Tierra, y siguieron decreciendo paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes aparecieron las cumbres de los montes.
Pasados cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca, y soltó un cuervo, el cual yendo salía y retornaba hasta que se secaron las aguas sobre la Tierra.
Después soltó Noé una paloma, que fue y vino, por que había todavía agua sobre la Tierra.
Utnapischtim soltó primero una paloma, la cual salía y retornaba hasta que se secaron las aguas.
Después soltó Utnapischtim un cuervo, que fue y vino, por que había todavía agua sobre la Tierra.
Noé espero otros siete días, y soltó de nuevo la paloma fuera del arca; la paloma volvió al atardecer, y he aquí que traía en su pico hoja verde de olivo, la planta de la raza de Abel, por lo que conoció Noé que las aguas se habían retirado de la Tierra.
Utnapischtim esperó siete días y soltó de nuevo al cuervo fuera de su arca; el cuervo volvió al anochecer, y traía en su pico una mandrágora, que es la planta de la raza de Caín.
Y la paloma desde entonces fue símbolo de la raza de Abel, como el cuervo lo fue de la raza de Caín; por esto la mandrágora fue proscrita por la raza de Abel, y el olivo despreciado por la raza de Caín.
Y en esto hay sabiduría: que la paloma representa a la luz y el cuervo a la obscuridad.
Deténgase El Que Busca, pues las aguas de la confusión comienzan a retroceder; y su Guía, en forma de cuervo, regresa a él trayendo la planta del conocimiento.
Aguarde El Que Busca como aguardó Utnapischtim el regreso del cuervo que le trajo la mandrágora.
La paloma no volvió más a Noé y el cuervo no volvió a Utnapischtim; mas ambos supieron que las aguas se habían retirado de la Tierra.
El año seiscientos uno, el día primero del primer mes, ya no había agua sobre la Tierra; en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, quedó seca la Tierra.
Dijo entonces el Creador a Noé: "Sal del arca, tú y contigo tu mujer, tus hijos las mujeres de tus hijos, y todos los animales de toda carne que te acompañan; pululen sobre la Tierra, sean fecundos y multiplíquense sobre la Tierra".
Salió pues Noé, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos; y la raza de Abel se multiplicó en gran manera sobre la Tierra, edificando ciudades, conquistando territorios, matando a toda criatura que hallaba a su paso, aprendiendo nuevas formas de ataque y destrucción, traicionando sus promesas, pisoteando sus creencias, burlándose de las Criaturas de la Noche y del mismo Creador, aniquilando a los animales, hundiéndose en la confusión y superando en numero a los seres obscuros.
Así fue restablecido el Caos sobre la Tierra.
Mientras que Utnapischtim y otros seres obscuros salieron de las arcas y de las dimensiones en las que hallaron refugio.
Y al salir, he aquí que la raza de Abel los sobrepasaba en gran numero; los seres obscuros se hallaron solos y perdidos en el reino de la luz.
Como lo había proclamado Dissaor en la Montaña de la Más Lejana Media Noche.
Nuevamente la raza de Abel cazaba con crueldad a la raza de Caín.
Cantando himnos de amor y condenando al pecado, la raza de Abel se alzó en furor contra la raza de Caín.
Y así ha sido desde entonces; mas la raza de Caín sobrevive a este furor.
La raza de Caín porta la señal que le permite traspasar el sufrimiento, la negación y el rechazo, con los que se alimenta, y crece en fuerza y sabiduría.
Y el cuervo que vuela en su interior sigue trayendo la mandrágora, que es la planta de la esperanza en medio de la destrucción.
Las Criaturas de las Tinieblas no sonríen, pues no están atadas a las emociones; mas aguardan a los seres obscuros, y están atentas; y los obscuros les llevan, como el cuervo, la mandrágora de la melancolía.