martes, 31 de mayo de 2011

Trolls longtail o trolls de cola larga

En las profundidades de los bosques escandinavos, donde el musgo es húmedo y color verde esmeralda, donde los árboles son tan altos que apenas se pueden ver sus copas y donde los lagos son misteriosos espejos cristalinos que adornan el paisaje.
Mientras se camina por el bosque miradas curiosas siguen cada uno de sus pasos.
Por supuesto, son los animales. Solo que los animales no susurran y andan alrededor suyo sin hacer ruido, escondidos tras las cepas, las matas de hierba y los árboles.
Los trolls han habitado las montañas y los bosques escandinavos desde el principio de los tiempos.
Pueden ser altos, bajos, crueles, dulces, malos y amistosos. Pero la gran mayoría de los trolls son buenas criaturas que no hacen mucho escándalo. Aquí hablamos de trolls longtails o trolls de cola larga, pequeños y amistosos. No les gusta que se lo recuerden, pero hubo un tiempo en el que no tenían la cola larga. Es más, lo único que tenían era un mísero rabito del que estaban muy avergonzados, puesto que todo el mundo sabe que cualquier troll que se precie tiene una verdadera y bonita cola. Así que, ¿qué ocurrió para que los trolls Longtail tuvieran sus largas y elegantes colas?
La historia cuenta que una vez había un troll pequeñito que estaba de camino de vuelta a casa después de un día de trabajo en las montañas, donde los trolls desenterraron su tesoro. Pero cuando estaba muy cerca de casa se encontró con un hombre en el bosque. El pequeño troll se asustó y se escondió tras la pequeña cepa de un árbol. Desafortunadamente, o por fortuna quizás, había varios agujeros en la cepa y el rabito del troll asomó por uno de ellos. El hombre había viajado muy lejos esa tarde y necesitaba descansar, así que se sentó y se reclinó en la cepa donde estaba escondido el troll, ¡justo en la cola del troll! El troll empezó a desesperarse bastante, ya que el hombre estaba sentado sobre su cola y estaba atascado. Por fortuna, el hombre estaba cansado y se durmió. Así que el troll aprovechó la oportunidad y, usando cada pizca de fuerza que tenía, se empujaba a sí mismo contra la cepa y tiraba con todas sus fuerzas. Pero su cola estaba atascada bajo el hombre y no se movió. Al final, el troll dio un tirón tremendo y con un ¡plaf!, se liberó. El troll saltó por encima de la cepa, se dejó caer en el suelo y se fue. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su cola se había estirado. Estaba tan contento que empezó a saltar. De hecho, estaba tan agradecido que sacó unas pepitas de oro de sus bolsillos y las colocó en el suelo, cerca del hombre. Luego se fue corriendo a casa para enseñarles a todos los demás trolls su magnífica y nueva cola. Y así fue cómo los trolls longtail tuvieron sus magníficas y largas colas.