miércoles, 18 de mayo de 2011

Descendientes de Caín

Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, para eso él utilizó la fuerza de los dragones, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec.
Lamec tomó para sí dos mujeres. El nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama.
Los hijos de Lamec empezaron a desarrollar una civilización; empezaron a hacer más cómodo el mundo. Jubal fue un artista, un músico. En tanto, Tubal-caín fue un hombre industrial, un artífice de toda obra de bronce y de hierro. Pareciera ser que fue este un hombre guerrero, que construía armas.
El séptimo desde Adán
En los versículos 23 y 24, referidos a Lamec, este séptimo desde Adán. Llega un momento en que Lamec piensa que tiene algo importante que decir, y entonces convoca a sus mujeres. Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será.
Lamec es un hombre que, por la más mínima herida que recibe, es capaz de matar; por la más leve ofensa que se le inflige, él reacciona con violencia. El séptimo desde Adán por la línea de Caín es un hombre bígamo, y además es un hombre homicida, un hombre vengativo. Pero no sólo lo es, sino que también se enorgullece de serlo, a tal extremo que llama a sus dos mujeres para que escuchen sus dichos vengativos.
Lamec es el séptimo desde Adán por la línea de Caín. El número 7 en las Escrituras simboliza la perfección de Dios. Pero aquí, el hecho de que Lamec sea el séptimo desde Adán, significa también que con él culmina un desarrollo, una forma de ser de una civilización que ya está degenerada, que ya ha sido contaminada por el pecado y que ha sido llevada al extremo de su maldad. Siete generaciones bastaron para que Caín tuviera un sucesor setenta veces más perverso.