jueves, 2 de abril de 2015

La séptuple maldición de Lilith

Cuando Lilith habló le ordenó a Lamec que anotara al final de sus palabras una advertencia para el sabio.
“Maldita sea la cabeza del escriba que altere un solo ápice o carácter de estas verdaderas palabras. Su rostro será deformado y los hijos de sus partes no lo conocerán.”
“Siete veces maldita sea la cabeza del mercader que venda estas palabras por oro en la plaza del mercado.
Él será vendido como esclavo y su nombre perderá su lustre.”
“Siete veces siete sea maldita la cabeza del incrédulo que dañe estas palabras por fuego o agua o por desmoronamiento de tierra. Por ese mismo poder habrá de sufrir tormento y una vergonzosa muerte.”
“Bendita sea la cabeza del escriba que trasmita con diligencia estas palabras. Él será reconocido en su vejez y sus hijos le honraran.”
“Siete veces bendita sea la cabeza del estudioso que estudie estas palabras con reverencia. Su nombre perdurará y sus enseñanzas fructificarán.”
“Siete veces siete sea bendita la cabeza del santo varón que rescata estas palabras de la destrucción.
Él vivirá por siempre y su memoria será honrada entre los sabios.”
Lamec anotó las palabras de advertencia que Lilith le había dicho.
Y yo, Solón de Alejandría, he copiado todas las palabras fielmente de los caracteres angélicos para consuelo de mi soledad. Que la bendición de la Madre Celestial descienda sobre mi cabeza. Amén.