martes, 7 de abril de 2015

Jack el destripador


En varias ocasiones,  un hombre pulcramente vestido y de aspecto vulgar se deslizó entre el bullicio nocturno del barrio de Whitechapel (Londres) en 1888. Otras tantas veces habló con mujeres de la calle que infelizmente murieron acuchilladas.
Si hubiera que otorgar un título al criminal mas famoso de la historia, tal distinción recaería en un hombre del que todavía se desconoce su identidad, y que se hacía llamar Jack the Ripper.
A Jack el destripador le cabe el dudoso honor de haber inaugurado de manera oficial una nueva modalidad en la historia del crimen. El llamado crimen patológico. Sus hazañas marcaron un giro en el aspecto de la aberración sexual, y debido a la ausencia de motivos aparentes, sus asesinatos sumieron a los londinenses en el espanto, ante la perspectiva de cruzar ciertas calles de la ciudad durante los últimos meses de 1888.
Innumerables detectives e investigadores expusieron sus teorías respecto a Jack, pero hasta el momento la cuestión no ha podido ser resuelta de manera definitiva.
No faltan quienes suponen que sus crímenes se prolongaron durante años, lo que no parece probable. Mas cierto es que tuvieron lugar entre agosto y noviembre, aunque no a sido posible establecer la exactitud del número de crímenes que cometió en realidad.
El barrio East End, en el Londres de la época victoriana, era la prueba más evidente de la miseria y la desigualdad, en medio de la despreocupación y opulencia de una sociedad llena de prejuicios, más preocupada, de la igualdad de los caballos que de las desigualdades de los hombres. Allí parecían haberse reunido todas las lacras y miserias morales y sociales, al anochecer los callejones, patios y esquinas eran oscuros antros, sin mas iluminación que la proporcionada por algunas velas y quinqués que asomaban por los ventanucos. En el interior de los chamizos, los desheredados de la fortuna trataban de acomodarse como podían. Fuera, en las insalubres calles, hombres, mujeres y niños, arrastraban una vida miserable, delictiva y, con frecuencia, rayando lo criminal. Su único alivio consistía en el olvido que podía proporcionarles una botella de ginebra por unos cuantos peniques, para muchas mujeres la prostitución era el único medio de vida.
Jack el destripador, penetró en este hervidero humano en 1888 y con el llegó el miedo y el terror.
Su primer crimen tuvo lugar en Gunthorpe Street, su victima, Martha Turner, una prostituta de mediana edad cuyo cadáver fue encontrado a las 5 de la madrugada en un portal de dicha calle. El cuerpo presentaba 39 puñaladas y el asesino había utilizado dos armas diferentes, una de ellas un cuchillo de hoja larga y la otra un instrumento de cirugía.
Otra prostituta, Mary Ann Nicholls, de 42 años, tuvo la mala suerte de encontrarse con Jack en el callejón de Buck´s Row, en la madrugada del 31 de agosto, la encontró un cartero no lejos de allí, en un patio interior del East End, con el cuerpo destripado y un corte en la tráquea.
El siguiente asesinato tuvo lugar el 8 de septiembre, la victima otra prostituta, Annie Chapman, de 47 años. Un dependiente del mercado de Spitalfields encontró el cuerpo en un patio de Hanbury Street. La cabeza casi completamente separada del cuerpo, había sido atada con un pañuelo alrededor del cuello para mantenerla fija. Sus sortijas, algunas monedas y otros efectos personales, habían sido esparcidos entre los nauseabundos restos. Había sido totalmente destripada, le faltaba un riñón, los ovarios y dos dientes, todo ello de tal forma que revelaba que el asesino poseía considerables conocimientos anatómicos y quirúrgicos.
Grupos de espontáneos vigilantes recorrían las calles armados con garrotes, principalmente por las noches, la policía detuvo a varios inocentes, solo se pudo inferir que el criminal parecía ser zurdo y que tenía notables conocimientos de medicina.
El 28 de septiembre, la agencia central de noticias recibió una nota firmada por el propio Jack el destripador, y que sería la primera de una larga serie de misivas de las que existen razones mas que suficientes para creer que en realidad eran firmadas por el asesino en persona y cuyo contenido era “odio a las prostitutas y seguiré destripándolas hasta que me canse”. El conocimiento de este hecho incrementó el pánico, mientras se fracasaba en los intentos por encontrarle por parte de la policía.
La noche del 30 de septiembre, se cebó en dos mujeres, y dejó la única pista de sus crímenes, Tras el número 40 de Berner Street, fue encontrado en un patio el cadáver de la sueca Long Liz Stride, vertiendo aún sangre a borbotones por la garganta, pero sin presentar ninguna mutilación de órganos. Posiblemente estuvo a punto de ser sorprendido antes de sus atroces prácticas, y furioso por el fracaso se encaminó al oeste de Whitechapel, allí se encontró con Catherine Eddowes, de 43 años, cuyo cuerpo fue apuñalado de forma tan atroz que era prácticamente irreconocible, un vecino declaró haber visto a un hombre huir del lugar de los hechos portando un maletín negro.
Un reguero de sangre se extendía desde el cuerpo mutilado hasta un portal donde alguien escribió con tiza, “los judíos no tienen la culpa”, el jefe de policía Charles Warren ordenó que fuera borrado inmediatamente sin calcarlo ni fotografiarlo.
Al día siguiente , la agencia de noticias recibió una nueva nota, en tinta roja, en la que el criminal manifestaba haber sido sorprendido cuando iba a mutilar a su primera victima, y que la segunda casi le descubre al gritar.
El 9 de noviembre, actuó de nuevo, la última persona, aparte del criminal, que pudo ver con vida a Mary Jeannette Nelly de 25 años, también prostituta, fue un transeúnte llamado George Hutchinson.
Según sus declaraciones estaba acompañada por un hombre pequeño y bien vestido, bigote rubio y sombrero de caza. A primera hora de la mañana encontraron su cadáver en su domicilio. Apareció desnuda y ensangrentada, la cabeza casi separada del cuerpo y el corazón depositado sobre la almohada, sus entrañas colgaban del marco de un cuadro.
Mary fue al parecer la última victima del destripador, aunque según algunos estudiosos se cometieron otros tres asesinatos mas.
Jack el destripador apenas dejó rastros apreciables para el nivel técnico de la policía de aquella época.
La policía cerró el caso pocos meses después de la muerte de Mary Nelly.
Según las hipótesis de Melville Macnaghten, de Scotland Yard, la policía se centro en tres sospechosos, un medico ruso llamado Miguel Ostrog, un judío polaco apedillado Kosmanski que aborrecía a las mujeres y un abogado corrupto llamado Montague John Druitt, los familiares de Druitt estaban convencidos que éste y el destripador eran la misma persona, su primo, el doctor Lionel Druitt tenía una clínica de cirugía en Whitechapel minories, a 10 minutos del mas alejado de los lugares de los crímenes. Druitt no fue ni interrogado ni detenido, poco después del último asesinato desapareció repentinamente. El 31 de diciembre se encontró su cuerpo flotando en el tamesis.
Para otros, el destripador era un medico famoso, deseoso de venganza por la muerte de uno de sus hijos, consecuencia de una enfermedad venérea.
Y para otros, era el hijo de un aristócrata encerrado algún tiempo en un manicomio en la localidad de Ascot, tesis muy arraigada entre las clases populares que creían que la policía conocía la identidad de Jack el destripador pero deseaba mantenerla en el anonimato al pertenecer a la nobleza o aristocracia.
A día de hoy solo una persona sabe la verdad de todo : el propio Jack el destripador.