viernes, 23 de agosto de 2013

Instrumentos de tortura X

La rueda.
Inmediatamente pensamos en la del carro sobre la que se dejaba perecer de dolor e inanición al condenado, al cual el verdugo previamente había descoyuntado los miembros . Esta es la rueda más conocida por cuanto fue la más utilizada a lo largo del período que va desde la Baja Edad Media hasta principios del siglo XVIII. Existía sin embargo otro tipo de rueda, de orígenes más antiguos, que funcionaba haciéndola girar con el cuerpo atado sobre ella.
Gracias a la viva y sutil imaginación de los verdugos, las posibilidades de utilización de este instrumento eran tan variada que los había de varios tipos y dimensiones, fijos o móviles, según el suplicio infligido. En la rueda fija, de amplia circunferencia, se ataba a la víctima disponiéndola sobre la superficie externa recubierta de puntas de hierro candentes. El cuerpo, estirado con fuerza por las cuerdas contra estas puntas, se laceraba y trituraba terriblemente cuando la rueda giraba, por la acción de una manivela, sobre un lecho de clavos fijados en suelo. Este tipo de rueda se utilizaba para quemar viva la víctima al hacer que ésta girase lentamente sobre un brasero encendido o una hoguera .
En la rueda móvil, que era de grandes dimensiones, se ponía al condenado en la parte convexa de la misma convenientemente atado y se le dejaba caer sobre lugares escarpados y pedregosos. Rodando a grandes velocidades el cuerpo se descarnaba y fracturaba totalmente.
La rueda para despedazar. Europa central S. XVIII
La rueda para despedazar era el instrumento de ejecución más común en la Europa germánica, después de la horca, desde la Baja Edad Media hasta principios del siglo XVIII, en la Europa latina y gala el despedazamiento se llevaba a cabo con barras macizas de hierro y mazas herradas en lugar de ruedas.
La víctima, desnuda, era estirada boca arriba en el suelo o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban, atravesados, trozos de madera. El verdugo, asestando violentos golpes con la rueda, machacaba entonces hueso tras hueso y articulación tras articulación, incluidos los hombros y caderas, con la rueda de borde herrado, pero procurando no asestar golpes fatales. La víctima se transformaba, en una especie de gran títere aullante retorciéndose, como un pulpo gigante de cuatro tentáculos, entre arroyuelos de sangre, carne cruda, viscosa y amorfa mezclada con astillas de huesos rotos. Después se le desataba e introducía entre los radios de la gran rueda horizontal, colocada al extremo de un poste que posteriormente se alzaba. Luego los cuervos arrancarían tiras de carne y vaciarían los ojos hasta que llegaba la muerte, con la que probablemente era la más larga y atroz agonía que el poder era capaz de infligir.
Junto a la hoguera y el descuartizamiento, éste era uno de los espectáculos más populares entre los muchos parecidos que tenían lugar en las plazas de Europa, más o menos todos los días. Centenares de ilustraciones durante el período 1450-1750 muestran muchedumbres de plebeyos y de nobles, deleitándose con el espectáculo de un buen despedazamiento, preferiblemente o, mejor aún, de una o varias mujeres en fila.
Sello de la inquisición.
La Inquisición consistía en la actividad de un tribunal eclesiástico instituido hacia Finales del siglo XII para la represión de la herejía. Toda la actividad del Santo Oficio se traducía en el intento de enfatizar al máximo el significado de su gloriosa misión.
Este énfasis se encuentra también reflejado en el escudo de la Inquisición, en el que reza la siguiente leyenda: "EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM" , que confirma la superioridad de la Justicia Divina.
La rama de olivo que simboliza la misericordia y la espada desenvainada de la justicia constituían la prueba de la inaudita perfidia del acusado y de su merecida penitencia.
La sierra española. S. XVIII
La sierra, fue un método de muerte utilizado ya en tiempos del bíblico Rey David. Esta pena, consistía en colgar boca abajo a la víctima para que el cerebro estuviera bien regado y no muriera el condenado desangrando antes de lo previsto; y se le comenzaba a serrar desde el ano y los genitales hacia el pecho.
Este instrumento de tortura no necesita muchas explicaciones. Sus mártires son abundantes. A consecuencia de la posición invertida del condenado, se asegura suficiente oxigenación al cerebro y se impide la pérdida general de sangre, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo, e incluso el pecho, según relatos del siglo XIX.
La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales de ambos sexos, aunque predominantemente hombres. En España la sierra era un medio de ejecución militar hasta el fin del siglo XVIII
los franceses lo empleaban contra las brujas embarazadas, supuestamente por el mismo demonio. En Alemania, en tiempos de Lutero también se empleó esté método contra los cabecillas de las sublevaciones campesinas.
La silla de la zambullida.
Tratamiento reservado a las mujeres pendencieras o chismosas a las prostitutas y a los mercaderes embrollones (a estos últimos también se les reservaba la "cathedra stercoris": literalmente la "cátedra de mierda", en la que se les ensuciaba a placer).
La silla de la zambullida se empleaba para sumergir en el agua (ríos, estanques, lagos, etcétera) a las mujeres o a quienes hubieran sido tocados por la justicia local. El chapuzón duraba pocos instantes, el espectáculo tardes enteras.
Taburete de sumersión.
La víctima era sentada en un taburete atado a un brazo móvil al pie de un río o estanque, en el que se le sumergía durante varios minutos y en repetidas ocasiones.
El "taburete del pato" fue utilizado en América para las brujas, y en Gran Bretaña para castigar a pequeños criminales y prostitutas.
En un juicio de calvario, las supuestas brujas eran sumergidas en un tanque de agua o un pozo, y luego las sacaban después de un tiempo, dándole permiso para confesarse. Si confesaba, era asesinada. Si no confesaba, la volvían a sumergir. Este proceso usualmente se repetía hasta que la víctima se ahogaba o se rendía y se dejaba ejecutar de otra forma
La silla de interrogatorio.
Se trata de utensilios básicos para el arte del inquisidor. Hoy en día se usan versiones actualizadas, mejoradas por medio de la electricidad. El efecto de los pinchos - aunque no estén electrificados, sobre la víctima, que siempre está desnuda, es obvio y no requiere comentario. Ésta sufre atrozmente desde el primer instante del interrogatorio, que puede ser más intenso si se aplican sacudidas o golpes en brazos y piernas.
Silla de putrefacción.
La víctima era atada a este instrumento y levantada entre los cadáveres de dos ahorcados en estado de putrefacción, a veces solamente por algunos días, pero en ocasiones hasta la muerte.
Silla de tortura.
Fue usada en Centro Europa hasta 1846. El torturado era sentado en ella desnudo y amarrado por correas que lo apretaban lentamente, de modo que los pinchos le penetraran en la carne.