miércoles, 14 de noviembre de 2012

Evangelio de los vampiros, El libro de los profetas. Cap. VII

Deja atrás  el monte de la Calavera; los seres crepusculares ya despuntan; recorren el vértice de la Página de la Ruptura, y la Página del Fin de los Tiempos.
Has de irte con los seres crepusculares y tu Protector.
Y así como nosotros somos uno solo para hablarte, muchos espíritus obscuros que caminaron por la Tierra son ahora uno solo.
Pues fue establecido que obscuridad une obscuridad con delgados cordones de luz; mas la luz que une a estos espíritus no es color; es sombra y negrura; si puedes comprender esto estarás avanzando en  sabiduría.
Nos acercamos al espíritu de las brujas.
Borra todo amor de tu existencia; Aradia te vigila, pues penetramos sus dominios.
No para hablar con ella, como fue en el segundo Libro; mas para hablar con las que son suyas, brujas del linaje de Caín.
Algunas de éstas recibieron el conocimiento para ser Vampiros; mas otras fueron torturadas y calcinadas en nombre del Creador.
Y sus espíritus claman por venganza desde las entrañas de la obscuridad.
Y las Criaturas de las Tinieblas responden: “Nuestra es la venganza; nosotros pagaremos mal por mal mayor; un mal que no se ha visto aún sobre la Tierra, ni debajo de la Tierra”.
El mal ya viene; ha despertado, he aquí que viene.
Percibe ahora con tus sentidos internos el espíritu de las Brujas, víctimas de la raza de Abel; tal espíritu ya se aproxima a ti; yo, tu Protector, intercedo para que conozcas este espíritu sin que tu propio espíritu sea arrancado de tu cuerpo con gran dolor; para que no seas uno más en el bosque de los empalados en Aradia.
Saluda conmigo a Madeleine, y conoce que este espíritu contiene a todos los espíritus de las que, en la era del dolor, fueron aniquiladas por la raza de Abel y sus Centinelas.
Madeleine viene con ropajes negros; su largo cabello violeta se mece con el viento de Aradia; sus manos y rostro, pálidos como luna de otoño, se muestran ante ti; observa en los ojos de Madeleine el sufrimiento de las Brujas que son Raza de Caín igual que tú.
En esos ojos, negros como alas de Tinieblas, se hunde tu espíritu; escucha, que el Tiempo es corto; escucha lo que Madeleine ha de decirte, y atesóralo en tus abismos.
Los Profetas obscuros pueden llevarte a la locura o la muerte; lejos de la verdadera locura y la no-muerte, que son libertad en el principio obscuro; esto debes saberlo antes de seguir adelante; no dejes pasar esta advertencia.
Escucha, que los labios negros de Madeleine ya se abren; y el humo de las hogueras ya sale por su boca.