domingo, 15 de julio de 2012

Orm Holmgangr

El gigante que dice se apodero de la comarca de Berm era colosal, fuerte y soberbio; tan monstruoso y enorme, que nadie consiguió derribarlo y contaba ya sus victimas por centenares. Y siempre se mostraba henchido de arrogancia y soberbia, pues ya nadie osaba retarle y podía pasearse a antojo por donde le placiese y reclamar como suyo todo lo que desease, pues nadie se atrevería a negarle nada.
. Un día el gigante salió de su comarca y llego andando a grandes zancadas a la orilla del mar, y allí, en la blanca arena, encontró al rey de Islandia cabalgando con su sequito.
- Escucha tu el que te haces llamar rey de Islandia – le dijo -. Quiero que me des a tu hija como esposa y que partas tu reino conmigo. Y esto que te reclamo aquí ante todos, si no me lo das de buen grado, lo tomaré por la fuerza , a menos que alguno de tus guerreros quiera luchar conmigo.
El Konungr de Islandia volvió a su palacio y alrededor de la mesa de juntas contó a sus caballeros el encuentro con el gigante, aunque casi todos lo habían presenciado, y mando convocar a todos los que no estaban presentes. Y una vez todos los hombres de armas del reino estuvieron allí reunidos, el soberano se
desplomo en su trono . Y les preguntó sin rodeos:
- ¿Quién de vosotros quiere luchar con el gigante? ¿Quién osará afrontar su poder?.
Todos los valientes y orgullosos Jarl callaron, sabían que el monarca seria generoso si triunfaban, pero ninguno de ellos contaba con esa posibilidad, así que nadie se adelanto para aceptar el reto, los muertos no cobran recompensas. De este modo, todos guardaron un incomodo y vergonzoso silencio; todos, menos el joven Orm, que se abrió paso entre todos y respondió como si fuera un viejo luchador:
- Si me dais a vuestra hija como esposa y partís conmigo el reino si tengo éxito en la lid, yo afrontaré al gigante y lo abatiré en tierra por vos
El Konungr asintió complacido, no esperaba que el joven triunfase, pero al menos, el honor de la corona estaría a salvo, seria una gran humillación entregar la mano de su única hija sin mediar combate.
El gigante recibió pues la noticia de que había un retador, se quedo bastante perplejo, pues no esperaba rival, asi que cuando supo quién era el que iba a luchar con él, respondió:
- Gran vergüenza fuera que me venciera un niño como ése. Podría aplastarle como un piojo.
Orm recibió la respuesta del gigante y le contestó con orgullo:
- Un hombre pequeño abate muchas veces a una gran encina; eso sucede a menudo. En cuanto al piojo, este vuelve loco al perro, porque antes de aplastarlo, el animal ha de cazarlo primero.
Y quedaron tras el acostumbrado intercambio de desafíos en que el duelo se celebraría a la mañana siguiente en la orilla del mar. Allí se citaron al rayar el alba.
Por la tarde, a la puesta del Sol, cuando el rocío cubría los campos, el joven Orm pensó ir al túmulo donde dormía su padre, a reclamarle su espada. El arma había servido bien a su padre, y tenia fama de haber abatido a incontables enemigos.
Fue, en efecto, hasta la vieja colina ya con la noche encima e invocó a su padre, golpeando el túmulo.
El muerto despertó de su letargo e interrogó:
- ¿Quién golpea tan rudamente sobre mi túmulo? Va a hundirse, y deseo reposar en paz.Merecido lo tengo.
Orm alzo la voz y contestó:
- Quien golpea el túmulo es Orm, tu hijo, al que tanto amas. De su padre querido un rico don aguarda. Deseo que me entregues la buena doncella, la fiel espada «Berting».
Pero el espíritu del padre se mostró inflexible y dijo:
- No te la entregaré hasta que no hayas vengado mi muerte en la isla de Helm. Sangre por mi sangre has de verter para tener la espada.
- Si no puedo tener a «Berting» – repuso Orm -, tenerla y usarla, me pondré encima del monte y haré que se hunda encima de ti. Puesto que me reclamas que vierta la sangre de mis enemigos que también fueron los tuyos, dame el instrumento de mi venganza.
Entonces el padre tomó a «Berting» y se la dio a través del sepulcro. Y allí se quedo Orm velando el arma hasta que comenzó a insinuarse la luz del alba y se puso en camino hacia la playa.
Al filo del amanecer fue Orm al sitio designado para el duelo. Allí esperaba el sequito del rey, y también un nutrido grupo de siervos del gigante. Hicieron un círculo amplio en la arena, y siguiendo la tradición entraron en él. Durante un día y su noche lucharon y ninguno de los dos podía sacar ventaja a si rival. Durante el segundo día y su noche los dos lucharon. Al amanecer del tercer día, Orm hirió a su adversario en la rodilla. El rey de Islandia, que estaba presente, vio al gigante doblarse y caer y dijo:
- Jamás he visto a un guerrero que hiriera tan bajo a su enemigo.
Pero Orm contestó:
- Si lo herí en la rodilla es porque no alcanzo más alto. Que de las nubes descendían sus golpes y ni así dieron en su blanco.
Y así lo venció. Pues en cuanto el gigante hinco la rodilla, el salto en el aire y de un tajo le decapito la cabeza.
Y grande fue el alivio de todos, en especial de la joven princesa, que no deseaba en absoluto ser entregada al gigante, pero, el muchacho no se presto siquiera a acercarse a su monarca a reclamar su merecida recompensa tal y como se le había prometido, sino que se dio media vuelta, tomo las riendas de un caballo y montando, se alejo al galope por la playa.
Después de varios días de galopar Orm fue a parar a las proximidades de una gran urbe y allí encontró un barco de pescadores. Montó en él y se dirigió a la isla de Helm. Durante dos meses navegó sin pausa, hasta que llegó a la isla, en donde fue muerto a traición su padre por dos guerreros llamados Gierd y Arland.
Llegaron a oidos de los dos guerreros que un joven habia partido de la costa y clamaba venganza y dijeron a Orm:
- Escucha, joven guerrero: ¿conoces tú al joven Orm? Es ya según cuentan un hombre valeroso. Dicen que abatió al gigante de Berm, pero seguro que este se encontraba adormilado o borracho.
- Yo conozco bien al joven Orm. Y puedo asegurar que le venció en un holmgangr justo. Lleva manto de escarlata, y para vengar a su padre pronto vendrá a Helm. Pues su espada tiene ser de la sangre de los asesinos de su padre.
Gierd y Arland golpearon la tierra con el pie y dijeron muy seguros de si mismos:
- Jamás vendrá aquí Orm para vengar a su padre. Pues no es mas que un cobarde.
Y el joven guerrero les respondió escupiendo en el suelo a modo de provocación:
- Yo soy el joven Orm, y vengo a pediros reparación por la muerte de mi padre. Al alba veré rodar vuestras cabezas por la arena
Y golpeó la tierra con su espada. Y allí se quedo orgulloso esperando una respuesta.
Gierd y Arland se miraron y desenfundando también sus armas respondieron:
- Si eres el joven Orm, no tendrás oro ni plata, sino que encontrarás la muerte a nuestras manos, como tu padre. Y tu carne alimentara aquí a los cuervos.
Entonces acordaron descansar hasta el alba, tras la noche, hicieron un circulo en el suelo, y a la salida del sol, entraron en el para combatir.
- Estoy solo contra vosotros dos exclamó Orm. Pero no me iré de aquí sin vuestras cabezas.
Durante dos días y sus noches lucharon sin tregua, al amanecer del tercero, decidieron detener el combate hasta el sol alto. Entonces los dos enemigos se retiraron hasta la hora convenida, solo Orm no se movió ni un paso, y se quedo allí inmóvil dentro del circulo, esperando el momento de reanudar el combate.
Entonces se formo una nube de humo y de ella surgió una voz de mujer que le hablo así a Orm.
- Escucha tú, joven guerrero: tu espada está presa de un hechizo. Estás sosteniendo, en verdad, un duro combate. Pero no obtendrás la victoria hasta que muestres a tu espada que camino ha de seguir.
Orm hizo con la hoja de su espada un profundo corte en la palma de su mano derecha, y tiño con la sangre roja su hoja exclamando "ahora que has bebido de mi, busca la sangre de mis enemigos, porque jamás volverás a saciar tu sed de otra forma". Y después de esto, golpeo con la hoja en el suelo y desapareció el hechizo que impedía que la espada matase a sus rivales.
A la hora convenida, regresaron los dos adversarios , parecían frescos y descansados, y se extrañaron de encontrar al muchacho teñido en sangre, pero como el indico que era hora de reanudar su combate, empezaron a luchar, aunque pronto se dieron cuenta de que algo había cambiado en el combate, ahora la espada de su enemigo se había vuelto letal, y les costaba esquivar cada golpe. Hizo sucumbir a los dos guerreros, tras un corto combate esta vez, y tal y como había prometido, les corto la cabeza y se las llevo consigo , cogió el botín, en reparación por la muerte de su padre, envolvió la espada con seda roja y volvió a su país.
Antes de presentarse ante su Rey, regreso al túmulo donde descansaba su padre, y allí enterró en el suelo las dos cabezas de sus asesinos, como prueba de que había cumplido su promesa. Después, se baño en la orilla del mar, y ya vestido con su manto escarlata y cabalgo hacia el gran salón del monarca, donde fue recibido con gran alegría. El Rey le entregó a su hija tal y como había prometido, y ella se mostró dichosa de ser la esposa de un caballero tan valeroso y a la gran dote que el aporto como botín arrebatado a los enemigos de su padre, se dice que el soberano aporto la mitad de su reino.