viernes, 11 de julio de 2014

El monasterio del diablo, Carmona (Sevilla)

Era el año 1620 cuando se fundó este montasterio de monjes Franciscanos y Dominicos en el pueblo de Carmona, a 40 km de Sevilla, conocido como el monasterio del diablo.
Son muy pocos los documentos que existen en el Archivo Histórico del Ayuntamiento sobre este edificio. Únicamente existen dos manuscritos que acreditan su existencia y han sido recientemente descubiertos.

Hoy día el monasterio está casi completamente derruído pero aún conserva su estructura. Las paredes se encuentran profanadas con pintadas satanistas , especialmente en la alacena, debido a las sesiones de Ouija. El suelo está lleno de cascotes, animales sacrificados y restos de cristales.
Uno de los pocos documentos que se encuentran en el archivo histórico cuentan esta inquietante historia. De una parte, José Díaz de Alarcón, escribano, y por otra, Juan Rodrigo Perea, fraile dominico, en unión con alguaciles y demás fuerzas públicas y religiosas narra así los hechos:
Yo, señores, me hice fraile dominico en el convento de San José, donde entré al noviciado hace ya tres años poco mas.
En la mañana del 20 de noviembre de este año de nuestro señor (1680) entró por parte de Cantillana, un aspirante al noviciado que dio llamarse según recuerdo D. Jaime Malvidas y que fue aceptado con plena satisfacción por parte del prior y demás.
Este hombre era alto, de cejas muy pobladas, de nariz aguileña, y su cara era tan fina como la de una espada. Nunca le ví en compañía de otros en la huerta o en la capilla, por lo que  nos extrañó... Yo señores, no sé como ocurrió, que en la mañana del 2 de noviembre del susodicho año, cuando desperté, no encontré la puerta de mi celda abierta como era la costumbre (pues como ustedes saben todas las noches nos echan la llave y cerrojo) y creyendo que era aún muy temprano, me entregué a profundas meditaciones.
Después de esperar mucho rato, sentí por fin unos pasos débiles que provenían del pasillo y que venían a morir justo en la puerta de mi celda. La puerta, de un suave golpe, quedó abierta; pero cuanta fue mi sorpresa, cuando pude comprobar que atrás de esta no había nadie... Entonces fue cuando pensé que quizá la misa primera ya hubiese empezado, y me hubiese quedado dormido y castigado, pero al ver las puertas de las celdas de mis compañeros estaban abiertas de par en par, quédeme pensativo un momento, para después salir corriendo hacia la capilla. Cuando llegué a esta, no vi a nadie, y entróme un calor desde la garganta hasta el pecho, cuando oí unos lamentos a media voz que al parecer provenían de la cocina que estaba al lado de la capilla... Cuando llegué a la cocina, los quejidos se oían más fuertes dentro de mí, que pensé que era yo mismo el que los producía. Pero pronto me di cuenta de que el lugar de procedencia era el sótano y sin poderlo remediar, me vi no se cómo bajando sus empinados escalones. Y maldita sea, señores, maldita sea el momento en el que entré en aquella habitación, pues al entrar encontré al padre prior y a los demás frailes colgados de los ganchos donde solíamos colgar los cerdos, jamones y chorizos. Yo señores, al ver aquel marco infernal y sangriento, comencé  a ver unos seres pequeños, que apiñados alrededor de los cuerpos muertos, comían sus carnes. En aquel momento sentí un desmayo pasajero, y pude ver señores, cómo los seres que antes os había hablado se reunían en uno solo, de aspecto repugnante. Mirándome me dijo estas palabras; “te dejo vivir, para que plocamaras mi venida al mundo”. Entonces, un fuego comenzó a propagarse por el sótano... No pude músculo alguno, para moverme y salir corriendo, y cuando pude hacerlo, la misma voz que referí anteriormente, me volvió a decir, “ve y dí que Satán está aquí”.